El retrato ha sido crucial en la monarquía para representar a reyes y herederos, perpetuando su imagen, rol e importancia. Históricamente, los retratos de los monarcas buscaban transmitir ideología y valores, caracterizados por su solemnidad, elementos simbólicos y la pericia de los mejores pintores de la época, quienes además aportaban su estilo artístico y reinterpretación del personaje.