El carnaval, arraigado en las tradiciones europeas vinculadas a la fertilidad, tiene sus raíces en las festividades romanas que conmemoraban la transición del invierno a la primavera y el inicio del ciclo agrícola. En el contexto europeo, el catolicismo incorporó estas festividades como «carnavales», marcando un tiempo de alteración temporal del orden social y natural, seguido por un período de purificación. En diferentes partes del mundo, esta celebración adquiere diversas formas, pero comúnmente está marcada por desfiles, música vibrante, danzas y una explosión de creatividad visual.