El cajón peruano no nació en una academia ni en un escenario. Surgió en medio de la violencia colonial, como una forma de resistencia cultural creada por las poblaciones africanas esclavizadas que llegaron al Perú desde el siglo XVI. Hoy es uno de los símbolos más importantes de la música afroperuana y criolla, pero su origen está ligado a la prohibición, la creatividad y la supervivencia.
Durante el Virreinato, muchos esclavos africanos fueron llevados a trabajar en haciendas, puertos y casas de la costa peruana, especialmente en Lima, Chincha y Cañete. La música y la percusión eran fundamentales en sus culturas de origen, pero las autoridades coloniales y la Iglesia veían los tambores africanos como una amenaza. Temían que sirvieran para comunicarse entre comunidades esclavizadas o incluso para organizar rebeliones. Por ello, en muchos casos los tambores fueron prohibidos y destruidos.
Frente a esa prohibición, los afroperuanos encontraron nuevas maneras de conservar el ritmo. Empezaron a golpear objetos cotidianos de madera: mesas, sillas, cajones y cajas de embalaje utilizadas para transportar frutas, pescado y mercancías en los puertos. Aquellas cajas comenzaron a adquirir una función musical. Con el tiempo, los músicos fueron modificándolas para lograr una mejor resonancia y diferentes matices sonoros. Así nació el cajón peruano.
El cajón también está profundamente relacionado con la historia cultural afroperuana del siglo XX. Figuras como Nicomedes Santa Cruz, Victoria Santa Cruz y Caitro Soto ayudaron a preservar y difundir estas tradiciones en un país donde durante mucho tiempo fueron marginadas. Caitro Soto, nacido en Cañete, se convirtió en uno de los grandes representantes del cajón y de la música afroperuana contemporánea.
Uno de los momentos más importantes en la historia del instrumento ocurrió en 1977, cuando el guitarrista español Paco de Lucía visitó Lima. Durante una reunión organizada por la embajada española, escuchó tocar a Caitro Soto junto a Chabuca Granda y quedó impresionado por la sonoridad del cajón. Paco de Lucía entendió inmediatamente que ese instrumento encajaba perfectamente con el flamenco, que hasta entonces utilizaba principalmente palmas, bongós y congas como acompañamiento rítmico. Aquella noche compró un cajón peruano y lo llevó a España. Poco después, el percusionista brasileño Rubem Dantas lo incorporó al flamenco moderno, iniciando una transformación musical que haría famoso al instrumento en todo el mundo.
Desde entonces, el cajón peruano ha llegado a escenarios internacionales y hoy se utiliza en géneros muy diversos: jazz, rock acústico, música latina y flamenco contemporáneo. Sin embargo, más allá de su expansión global, sigue siendo un símbolo de la herencia afroperuana y de la capacidad de un pueblo para transformar la opresión en creación artística.
Lo que comenzó como una respuesta silenciosa frente a la prohibición colonial terminó convirtiéndose en uno de los instrumentos más reconocidos de América Latina. El cajón peruano demuestra que la música también puede ser memoria histórica: cada golpe sobre la madera recuerda una historia de resistencia, identidad y libertad.
Muchas de las historias que dieron forma al Perú siguen escondidas en cosas que vemos todos los días.
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