Un “museo” frente al océano que invita a no olvidar

En la ciudad de Lima, frente al océano y sobre los acantilados de la Costa Verde, se levanta el Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social, conocido como LUM. Más que un museo tradicional, este espacio propone algo distinto: un encuentro vivo con la historia reciente del Perú y una invitación constante a reflexionar sobre la violencia, la memoria y la convivencia democrática.

 

Inaugurado el 17 de diciembre de 2015 y gestionado por el Ministerio de Cultura, el LUM nace con un objetivo claro: ayudar a comprender el periodo de violencia vivido entre 1980 y 2000, marcado por el accionar de grupos como Sendero Luminoso y el MRTA, y sus profundas consecuencias en la sociedad peruana. Pero su mirada no se queda en el pasado; busca activar preguntas sobre el presente y el futuro.

Más allá de la muestra permanente


Una de sus primeras curiosidades está en su nombre. Originalmente pensado como “Museo de la Memoria”, en 2010 se optó por cambiar la palabra “museo” por “lugar”. La decisión no fue menor: se buscaba evitar la idea de un espacio estático y, en cambio, proponer un sitio dinámico, abierto al diálogo, donde las memorias conviven, se discuten y se reinterpretan constantemente.zz

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Una arquitectura que dialoga con el paisaje


El edificio, diseñado por los arquitectos peruanos Sandra Barclay y Jean Pierre Crousse, es una obra emblemática de la arquitectura contemporánea latinoamericana. Su diseño no impone una forma ajena al entorno, sino que se integra a él.

 

El LUM parece emerger de los acantilados, como si fuera una extensión natural del paisaje. Sus materiales —piedra, concreto y tonos terrosos— refuerzan esta sensación. El recorrido, además, está pensado como una experiencia: el visitante asciende por rampas, en un tránsito simbólico que acompaña el proceso de comprensión y reflexión sobre la historia.

Este proyecto fue seleccionado mediante un concurso nacional con jurado internacional, y recibió apoyo de organismos como la Unión Europea y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, además de una significativa donación del gobierno alemán. La participación de figuras como Mario Vargas Llosa fue clave para impulsar su realización.

Un recorrido que cuenta una historia compleja


La exposición permanente del LUM está cuidadosamente organizada en tres niveles, que guían al visitante por un proceso narrativo y emocional:

Afectaciones: el impacto de la violencia

El primer nivel presenta los hechos y sus consecuencias. Aquí se muestran los orígenes del conflicto, el impacto en comunidades e individuos, el rol de la educación y fenómenos como el desplazamiento forzado. Es un espacio que confronta al visitante con la magnitud del dolor vivido.

Acciones: respuestas y resistencias

El segundo nivel aborda las respuestas de la sociedad y el Estado. Se destacan las acciones de la sociedad civil, los esfuerzos por recuperar la democracia, la lucha por la justicia y el drama aún pendiente de los desaparecidos. Este espacio pone en valor la acción colectiva y la resiliencia.

Ofrenda: memoria y reconocimiento

 El recorrido culmina en un espacio simbólico. La “ofrenda” rinde homenaje a las víctimas mediante murales y la proyección de sus nombres. Es un lugar de recogimiento que invita a la introspección y a reconocer la dimensión humana de la historia.

Más allá de la muestra permanente


El LUM no se limita a su exposición principal. También presenta exposiciones temporales que abordan temas como derechos humanos, interculturalidad, tradiciones y arte contemporáneo. A través del formato “pieza en diálogo”, artistas contemporáneos intervienen el espacio, generando nuevas lecturas sobre la memoria.

Además, el LUM es un centro cultural activo. Su agenda incluye cine, teatro, danza, performance y conversatorios, convirtiéndose en un punto de encuentro para distintas expresiones artísticas que funcionan como puentes para la reflexión.

Un centro de documentación para entender el pasado


Uno de sus pilares es el Centro de Documentación e Investigación (CDI), un espacio clave para estudiantes, investigadores y público general. Allí se conservan archivos audiovisuales, documentos, prensa, testimonios y material académico sobre el periodo de violencia.

Su plataforma virtual permite acceder a estos contenidos desde cualquier lugar, mientras que su biblioteca ofrece recursos especializados para profundizar en temas de memoria y posconflicto. También impulsa publicaciones académicas que contribuyen al debate y la investigación.

Un espacio educativo para la ciudadanía


El enfoque educativo del LUM es constante. A través de visitas guiadas, talleres y programas pedagógicos, busca formar ciudadanos críticos, capaces de comprender la complejidad de la historia y comprometidos con la defensa de los derechos humanos.

La idea es clara: conocer el pasado no es un ejercicio pasivo, sino una herramienta para construir una sociedad más justa, tolerante e inclusiva.

La importancia de los espacios de memoria


Lugares como el LUM cumplen un rol fundamental en los países que han atravesado conflictos. No solo preservan la memoria, sino que ayudan a reconocer a las víctimas, a cuestionar los discursos violentos y a evitar que la historia se repita.

En un mundo donde el olvido puede ser peligroso, estos espacios nos recuerdan que la memoria es también una forma de justicia. El LUM, en ese sentido, no solo cuenta lo que ocurrió en el Perú: abre una conversación necesaria para cualquier sociedad que aspire a convivir en paz. Visitarlo no es solo una experiencia cultural, sino un acto de reflexión colectiva.

Dirección: Bajada San Martín 151, Miraflores   

EntradaLibre con DNI

Horarios de visitas: de martes a domingos, de 10:00 a.m. a 6:00 p.m.

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