Plaza Dos de Mayo
Mucho antes de convertirse en uno de los monumentos más reconocibles de Lima, la Plaza Dos de Mayo ya tenía una historia ligada a Europa. Pero el origen de este lugar se remonta todavía más atrás. Antes de llamarse Plaza Dos de Mayo era el Óvalo de la Reina, un espacio situado frente a la antigua Portada del Callao, una de las principales entradas a la Lima amurallada. Cuando las murallas comenzaron a desaparecer y el país buscaba construir símbolos para su joven República, este punto fue elegido para levantar un monumento que recordara el Combate del Dos de Mayo de 1866, cuando el Perú y otros países sudamericanos enfrentaron a la escuadra española en el Callao. La decisión se tomó apenas unos días después del combate: no sería un simple monumento, sino un gran espacio cívico dedicado a la memoria de quienes defendieron la soberanía peruana.
Un concurso internacional y una idea que cambió a último momento
Pocas personas saben que el monumento nació gracias a un concurso internacional. Las bases exigían una obra de mármol y bronce con cuatro esculturas dedicadas a los países de la Cuádruple Alianza —Perú, Bolivia, Chile y Ecuador—, además de bajorrelieves con escenas del combate y, en la parte más alta, un busto del héroe José Gálvez. Para supervisar el proyecto en Europa, el gobierno peruano nombró al poeta Numa Pompilio Llona, quien permaneció siete años siguiendo la construcción de la obra. Entre 36 propuestas presentadas en París resultó ganador el proyecto del arquitecto francés Edmond Guillaume y del escultor Léon Cugnot. Sin embargo, cuando el diseño ya estaba definido, el gobierno cambió de opinión: el monumento dejaría de rendir homenaje a un solo héroe para recordar a todos los defensores del Callao. Por eso, el busto de José Gálvez fue reemplazado por la figura alada de la Victoria, inspirada en el Genio de la Libertad de la Plaza de la Bastilla de París, convirtiéndose en el símbolo más reconocible de la plaza hasta la actualidad.
Un monumento que vale la pena observar con calma
A primera vista parece una gran columna coronada por una escultura dorada, pero cada elemento tiene un significado. La Victoria mira hacia el mar, en dirección al Callao, escenario del combate que conmemora. En su mano derecha sostiene una espada y en la izquierda una palma, símbolos del triunfo y el honor. Debajo de ella aparecen cuatro figuras femeninas que representan a Perú, Bolivia, Chile y Ecuador. En la base también pueden verse relieves de bronce que narran momentos del enfrentamiento y una escultura dedicada a José Gálvez. Incluso las cadenas que rodean el monumento evocan las utilizadas en embarcaciones, un detalle que recuerda el carácter naval de aquella batalla. Antes de viajar al Perú, la obra fue exhibida en la Exposición de Bellas Artes de París de 1872, donde el público europeo pudo conocerla antes que los propios limeños.
¿Se inauguró el 28 o el 29 de julio?
Esta es una de las curiosidades más repetidas sobre la plaza. Algunas publicaciones modernas indican que fue inaugurada el 28 de julio de 1874, probablemente por coincidir con las celebraciones patrias. Sin embargo, la documentación histórica más sólida señala que la ceremonia oficial se realizó el 29 de julio de 1874, durante el gobierno de Manuel Pardo. Así lo registran la prensa de la época, estudios especializados y hasta una medalla conmemorativa acuñada ese mismo año para recordar el acontecimiento.
Una plaza con aire parisino
Durante casi cincuenta años el monumento permaneció rodeado de edificaciones modestas, una situación que incluso fue criticada por viajeros y cronistas de la época. El cambio llegó en 1924, cuando el filántropo Víctor Larco Herrera financió la construcción de los ocho edificios que rodean la plaza. Diseñados inicialmente por el arquitecto francés Claude Sahut y adaptados por Ricardo Malachowski, fueron concebidos para recrear la elegancia de las plazas parisinas y dar al monumento el marco urbano que merecía. Ese conjunto arquitectónico es el que todavía define la imagen de la Plaza Dos de Mayo.
Del abandono a la recuperación
Con el paso de las décadas, la plaza perdió parte de su significado. Muchos dejaron de verla como un monumento histórico y pasó a ser, principalmente, un gran óvalo para el tránsito vehicular. Los edificios fueron ocupados por comercios informales, sufrió daños durante manifestaciones y dos incendios, en 2014 y 2017, afectaron algunos de sus inmuebles más representativos. Entre 2021 y 2023, Prolima emprendió una restauración integral que permitió recuperar el monumento —del que habían desaparecido más de 250 piezas—, renovar el pavimento con piedra granítica y basalto, incorporar áreas verdes y devolver a la plaza la imagen urbana que tuvo hacia 1928. Más que una renovación estética, fue un intento por recuperar su sentido original: el de un auténtico altar cívico dedicado a la memoria del país.
Mirarla con otros ojos
La próxima vez que pases por la Plaza Dos de Mayo, intenta hacerlo más despacio. Levanta la vista hacia la Victoria, identifica a las cuatro repúblicas representadas en el monumento, observa los relieves que narran el combate y contempla los edificios que la rodean. Descubrirás que este lugar no es solo un punto de encuentro o una rotonda del Centro Histórico, sino uno de los monumentos públicos más importantes del Perú, donde la historia, la escultura y la arquitectura se unen para recordar un episodio decisivo en la construcción de la República.
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