UN RECUERDO EN CADA PASO: PARQUE MUNICIPAL DE BARRANCO

Una historia en cada rincón: Parque Municipal de Barranco

Todos los jueves de 4 a 6, Yolanda salía a caminar por el Parque Municipal de Barranco. Caminaba lento y pausado, rodeada de históricos edificios como la iglesia Santísima Cruz, construida en 1963, y la conocida Biblioteca Municipal, que resalta por su torre adornada con un reloj y el escudo del distrito. Los vecinos la conocían y ella a ellos. Había vivido toda su vida en ese barrio y con esa vida cargaba muchos recuerdos, de esos que te dejan el corazón lleno de cicatrices de muchos colores. 

Un jueves, como cualquier otro, Yolanda disfrutaba mirando la gente pasar, sentada en una banca en medio del parque, cuando dos chicas jóvenes se sentaron a su lado. Ella les sonrió y una de las chicas se quedó mirándola, «¿es usted Yolanda Salas?». La barranquina asintió. «Yo vivía cerca de su casa, iba siempre al malecón a pasear a mi perro…», explicó la muchacha. «El chihuahua… Claro que me acuerdo. Cuánto tiempo ha pasado», respondió Yolanda. «Unos cuantos años», respondió Daniela. «Le presento a… a Vero», dijo sonriendo. Yolanda sonrió de vuelta y se dispuso a contarles la historia de aquel tan querido lugar. 

El Parque Municipal de Barranco se inauguró en el año 1898, y fue remodelado en el 1940, colocando la pérgola, que hoy en día se usa como escenario para presentaciones artísticas. En la parte central del parque se observa una fuente que cuenta con la estatua conocida como la Danaide, los angelitos llamados putti y el candelabro Barberini, todo ello realizado a base de mármol de Carrara. Estaba por contarles la historia de la Danaide de la mitología griega, cuando el celular de Vero sonó. Luego de unos segundos al teléfono, se disculpó explicando que debía retirarse. «Quédate, te llamo más tarde», le dijo a Daniela abrazándola. Yolanda y Daniela se quedaron un par de segundos en silencio. «Parece muy buena chica», rompió el hielo Yolanda. «Sí, lo es… En realidad Vero es más que una amiga», respondió Daniela. Yolanda miró alrededor y bajando la voz, dijo, «yo también tuve una Vero en mi vida. Hace muchos años, tantos que a veces dudo de si fue real», confesó. 

Yolanda y Cecilia se conocieron mucho tiempo atrás en ese mismo barrio. «Caminábamos mucho por estas calles y pasábamos casi todo el tiempo juntas aquí, en este parque. En los 60 las cosas eran diferentes. Ella y yo… Que nosotras nos quisiéramos de esa manera y estuviéramos juntas era peligroso». «No entiendo cómo puede ser peligroso que dos personas se quieran», dijo Daniela. Yolanda la miró con tristeza en los ojos, todavía podía escuchar la voz de Cecilia pidiéndole que se fueran juntas a un lugar donde pudieran ser libres, pero la familia de Cecilia se mudó llevándosela lejos de ahí. «Supe que unos años después se casó con el hijo de un amigo de su papá. Los matrimonios arreglados eran muy comunes en esa época». Claro, arreglar un matrimonio con alguien a quien ni conocías era normal, pero que dos personas que se quisieran de verdad estuvieran juntas era inconcebible, pensó Daniela. Yolanda no volvió a ver a Cecilia y le perdió el rastro con el paso del tiempo. «Por eso me gusta venir aquí, a este parque, me recuerda que ella existió y que, aunque fuera por un breve momento, lo que vivimos juntas fue real». Yolanda tuvo muchos amores a lo largo de su vida, pero ninguno como ella.

Después de un par de días de búsqueda, Daniela la encontró. Cecilia estaba en Lima, a unos pocos kilómetros de ahí. El siguiente jueves fue al parque Municipal, emocionada por encontrar a Yolanda y contarle la noticia, pero ella no estaba ahí. Había sufrido un ataque cardíaco. 

«A mis años he llegado a entender que a veces la vida no da segundas oportunidades y hay que aprender a vivir con el recuerdo de las primeras», dijo Yolanda. «Mi consejo para ti es que siempre aproveches esa primera oportunidad como si fuera la única. La vida hay que vivirla bien, y para eso tienes que darte el permiso de ser libre y de ser quién quieras ser, aunque muchas veces esa opción dé miedo. No te olvides que estamos aquí solo un ratito y no sabemos cuándo ese ratito terminará, así que ovarios, Daniela, siempre con ovarios», dijo acomodándose en la banca del parque unos cuantos jueves después de aquel susto médico. Daniela la miró queriendo grabar ese momento en su mente. De pronto una mujer de pelo cano y ojos caramelos se acercó a ellas. Daniela la miró fijamente asegurándose de estar viendo correctamente. El parque se quedó quieto y un silencio estruendoso invadió el momento. Yolanda y Cecilia se miraron por primera vez, luego de no haberlo hecho por más de cincuenta años. «Pensé que te había perdido», dijo Yolanda. «Yo también», respondió Cecilia.

Horarios

Entrada libre

Apto para todo público

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