UNA HISTORIA EN CADA RINCÓN: LAGUNA HUAYPO

El viento frío empieza a golpear en aquel lugar a 3507 m.s.n.m. Raúl, el guía, llama a todos los presentes, que se reúnen de inmediato en medio de aquel paraje. Todos forman un grupo compacto intentando, inconscientemente, contrarrestar aquellas caricias heladas, que entran por cada milímetro  de piel expuesta. Todos, menos una mujer de pelo canoso que está parada frente a la Laguna Huaypo, rodeada por las cadenas montañosas de Salkantay, Chicón y Verónica, esas montañas que te hacen sentir tan minúscula dentro de aquella hermosa inmensidad.

–  Vamos a armar las carpas y luego cenaremos algo aquí mismo – dice Raúl

Todos asienten y se ponen manos a la obra con la ayuda de Rosa, su esposo Luis y su hijo José, una de las familias pertenecientes a la comunidad campesina de Eqqecco.

Luis enciende una fogata hábilmente y todos se sientan alrededor de aquel fuego que calienta no solo sus cuerpos sino también sus mentes. Estar rodeados de aquella grandiosidad tan mágica trae diferentes recuerdos y pensamientos para cada uno de los integrantes del grupo. Un joven de pelo lacio se queda mirando a la solitaria mujer que sigue parada frente a la laguna.

–  Viene todos los años en esta época – le dice Raúl

–  ¿Cómo se llama? – pregunta el muchacho

–  No lo sé, nunca se acerca al grupo

 

El joven se acomoda el pelo y sirve una taza de la bebida caliente que hay en el termo que le ha entregado Raúl momentos antes. Se acerca a la mujer y se para a su lado.

–  ¿Chicha de quinua? – le ofrece – La señora Rosa dice que es medicina para el frío

–  ¿Qué? – despierta la mujer algo exaltada –

–  Perdón si la asusté, la vi aquí y… y quería preguntarle si quería unirse a nosotros… Está haciendo frío y Luis ha hecho una fogata, vamos a sentarnos a comer y a calentarnos un poco.

 

La mujer parece estar todavía en otro lugar y tiempo. Se demora unos segundos en darse cuenta de lo que está hablando el muchacho. Lo mira detenidamente, recibe la taza y caminan juntos hasta la fogata donde están todos reunidos.

–  Mi abuelo solía decir que para vencer el frío y cualquier otra adversidad era necesario mantener la mente ocupada, y la manera en la que él nos ayudaba a hacerlo era contándonos historias, así que es eso lo haré ahora – dice Raúl ceremoniosamente – Cuenta la leyenda que el dios Sol pidió a su hijo Manco Capac, que sus hijos mellizos lo acompañaran en la puesta del Sol. Fue así, que el obediente inca Manco Capac mandó a llamar a sus dos hijos, pero no los encontraron. El dios Sol invocó a los Apus más cercanos para preguntar sobre lo que había ocurrido, ellos respondieron que los mellizos se encontraban perdidos y que no pararon de llorar hasta que finalmente se inundaron en sus propias lágrimas. El hijo se convirtió en la laguna de Huaypo y la hija en la laguna de Piuray – cuenta Raúl a la luz de aquel fuego cautivador

Todos están atentos y en silencio, refugiados en su taza de chicha de quinua caliente. Solo se escucha el fuego crujir y el viento susurrar. El cielo está pintado de un negro profundo salpicado de puntos brillantes, que alumbran tenuemente. El muchacho está sentado al lado de la señora de pelo cano, que mira al fuego hipnotizada.

–  Una estrella fugaz – dice el muchacho sorprendido señalando hacia arriba

–  El cielo siempre ha sido considerado algo mágico, la residencia de los antiguos dioses. Y cuenta uno de los tantos mitos que andan por ahí, que cuando cae una estrella fugaz, el reino de los cielos se abre para los mortales, y debemos aprovechar en ese preciso segundo para lanzar nuestros deseos y que estos viajen con las estrellas fugaces con el fin de que nuestras plegarias sean escuchadas por dichos dioses.

–  ¿Usted cree que sea verdad? – pregunta el muchacho mirando a la señora

–  Yo no, pero mi hijo lo creía – responde ella sin quitar la mirada del fuego

–  ¿Su hijo vive por aquí?

–  Mi hijo vive ahora en el cielo y lo que yo creo, es que él es una de esas estrellas que están arriba

–  Creo lo mismo de mi mamá, tanto amor no puede irse muy lejos – agrega el muchacho tomando un sorbo de su bebida caliente

 

Aquella noche transcurrió con una paz especial, rodeados de montañas, reflejados en esa mágica laguna y con aquellas estrellas fugaces cuidando e iluminando a los mortales que dormían debajo de ellas.

Entrada libre

A 50km de la ciudad de Cusco

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