UNA HISTORIA EN CADA RINCÓN: EL CEMENTERIO PRESBÍTERO MATÍAS MAESTRO

¿Son nuestras historias las que definen quiénes somos y cómo seremos recordados? ¿Estamos destinados a ser perseguidos por nuestro pasado?

Para la mayoría de personas estas preguntas son un misterio, pero las historias de la gente enterrada en este lugar siguen, sin lugar a dudas, siendo recordadas y contadas, aún más después de sus muertes. En el cementerio Presbítero Matías Maestro descansan los restos de muchos hombres y muchas mujeres: héroes de guerra, las llamadas brujas, los muy visitados santos, escritores, artistas, políticos, asesinos… Rodeados de una imponente arquitectura y finas esculturas, este lugar de 20 hectáreas de extensión está lleno de leyendas, memorias y uno que otro fantasma que merodea el lugar. 

En la época virreinal los entierros solían realizarse en las iglesias y conventos de la ciudad, pero debido a la necesidad de salubridad pública dado los altos niveles de descomposición de los cadáveres que se sepultaban ahí, se decide, durante el virreinato de Fernando Abascal y Souza, encomendar el diseño de un lugar destinado exclusivamente al descanso de los muertos. Esta misión se deja en manos del arquitecto, escultor, escritor, pintor, músico y presbítero Matías Maestro Alegría, que diseña bajo un estilo neoclásico, este camposanto. El cementerio, inicialmente llamado Cementerio General de Lima, se inaugura el 31 de mayo de 1808. En 1923 cambia su nombre por Cementerio Presbítero Matías Maestro y en 1999 se le eleva a la categoría de museo y es reconocido como Patrimonio Cultural de la Nación.

Mientras camino por la calle principal, conocida como la calle de la Muerte, pienso en todas las personas enterradas ahí, en sus historias y vidas pasadas, y se sienten en el aire muchas sensaciones. Me encuentro frente a un imponente pedazo de arquitectura, la Cripta de los Héroes, de 40 metros de altura, que alberga a 297 héroes de la Guerra del Pacífico. Aquí podemos encontrar nombres como Miguel Grau, Francisco Bolognesi, Andrés Avelino Cáceres, Alfonso Ugarte o Leoncio Prado, entre otros. Parte de la belleza de esta cripta es la escultura en la parte superior de la puerta principal, un ángel que lleva en los hombros a un soldado. La llaman Gloria victis, «honor a los vencidos», y es una obra de arte de Marius Jean Antonin Mercié.

En otro lugar del cementerio están los presidentes, embajadores, escritores y poetas. Dos personajes históricos que tienen epitafios escritos por ellos mismos son José Santos Chocano, quien pidió ser enterrado parado en un 1 m² de tierra, y Agusto B. Leguía. Otros nombres conocidos son Pedro Paulet, Daniel Alcides Carrión, Ricardo Palma, Rosa Merino y Ciro Alegría. 

Podemos encontrar otros personajes que se han vuelto famosos en este lugar. Por diferentes razones, sus historias han dejado huella y han marcado las vidas de las personas que visitan sus tumbas. Uno de ellos es “Ricardito”, un niño que murió a los 6 años de fiebre amarilla. La gente visita su tumba con ofrendas con la esperanza de que les cumpla algún deseo. Otra tumba muy visitada es la de sor María de la Cruz, una monja muy querida, que, según cuentan, hace milagros. También está la tumba de la hechicera blanca, conocida como Sebastiana de Berrios, cuya sepultura muestra un peculiar búho y una cruz. 

En otro lado del cementerio encontramos a las que denominan brujas malas y en cuyas lápidas se ven el rostro de calaveras. En el pabellón de los suicidas se encuentran tumbas de los grandes crímenes de siglos pasados, como la del asesino en serie Lom Tom, un barbero que mató a 19 hombres que fueron a su barbería en el barrio chino a comienzos de 1900. Cuenta la leyenda que cuando la policía fue a buscarlo, Lom Tom se había ahorcado en el mismo lugar donde tenía los cadáveres de los otros 19 hombres. También está la tumba del boticario Enrique Thomson, que mató a su novia y luego se suicidó. Otra historia conocida es la de los Romeo y Julieta peruanos. Se trata de los primos hermanos Alejandrino Aparicio Subiria y María Subiria Briceño, quienes se quitaron la vida al no permitirles tener una relación. 

Estas historias y muchas más se encuentran en el interior del cementerio Presbítero Maestro, que ya cumple más de 200 años velando el sueño.

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