UNA HISTORIA EN CADA RINCÓN: PLAZA FRANCISCO BOLOGNESI

Esta escultura fue controversial, porque algunos opinaban que no mostraba la actitud victoriosa de Bolognesi, y así fue que años después se cambió por la actual. 

Toño se despertaba todos los días a las 5:50 de la mañana. Era una costumbre que llevaba con él desde que era muy joven, y ese martes no fue la excepción. Se levantó y se sentó al borde de la cama para dar gracias por un día más de vida. Se duchó en 7 minutos y se puso el traje que había elegido y dejado preparado la noche anterior. Mientras se vestía y alistaba, escuchó un ruido, pero finalmente decidió que no era nada. Salió de su casa todavía con el rocío de la mañana refrescando el aire y respiró profundo. Se paró en la puerta de su casa mirando a los lados, se acomodó el saco y se ajustó la corbata.

  • ¿Ya saliendo, señor Toño? – preguntó una señora que salía de la casa de enfrente.
  • Buenos días – dijo Toño – Creo que no nos conocemos, aunque su voz me resulta conocida.
  • Soy Matilde, su vecina. ¿Ya desayunó? 
  • Ahí es donde me dirijo, pero… – respondió él, mirando alrededor.
  • Lo acompaño, que me queda de camino – dijo ella cruzando la calle.

Caminaron juntos un par de cuadras, conversando sobre el cálido clima de aquella mañana, hasta llegar a una pequeña cafetería en jirón Washington.

  •  Daniel, ya estamos aquí – dijo en voz alta Matilde al llegar – Aquí lo dejo, señor Toño – dijo ella con una sonrisa.

Un muchacho salió de detrás del mostrador y se acercó a ellos. En el lugar sonaba un bolero que decoraba a la perfección el ambiente.

  • Ese bolero… – dijo Toño, recordando algo.
  • Buenos días, señor Toño, ¿le ofrezco el especial de la casa?
  • Claro, claro – respondió Toño, mientras se sentaba en una de las mesas y se ponía los lentes para leer el periódico que estaba estratégicamente colocado en la mesa.

El chico sonrió y desapareció detrás del mostrador. Toño estaba distraído. Repasó las hojas del periódico sin prestarles mucha atención y luego lo dejó a un lado. 

  •  ¿Nada interesante, señor Toño? – preguntó el chico, acercándose a su mesa con una bandeja que llevaba una taza de café de cebada y un plato con tostadas y huevos revueltos. 

  • Lo de siempre, muchacho, lo de siempre – dijo suspirando.

  • ¿Le gustaría contarme sobre sus años de profesor de historia? – dijo el chico. 

  • ¿Cómo lo sabes? – preguntó Toño.

  • Me lo ha mencionado, pero me gustaría escucharlo – respondió.

  • Tienes una cara familiar… – dijo Toño – Ven, siéntate un momento aquí, que te lo cuento.

Toño le contó que cuando su hijo era pequeño, le era difícil comprender y retener lo que leía, así que Toño se adjudicó la misión de ser el profesor de historia de Daniel. Por las noches, cuando llegaba de trabajar, leía los libros de historia que le mandaban y luego le contaba los capítulos sobre la historia del Perú con voces y actuaciones dignas de premios. Y así, juntos, lograron aprender más de lo que se imaginaron. 

  • ¿Sabes la historia de la plaza Bolognesi? La que está a un par de cuadras de aquí – preguntó Toño.

El chico sonrió con los ojos humedecidos y negó con la cabeza. 

Intersección de las avenidas Brasil, Arica, Alfonso Ugarte, Guzmán Blanco y 9 de diciembre, y el jirón Paraguay, en el límite del Cercado de Lima con el distrito de Breña.​

  • Pues está nombrada en honor del héroe nacional coronel Francisco Bolognesi, quien participó en la batalla de Arica durante la guerra con Chile. Fue inaugurada el 6 de noviembre de 1905 y es utilizada de forma exclusiva en la ceremonia de la bandera que se celebra todos los 7 de junio, Día de la Bandera del Perú. Fue la primera plaza central concluida íntegramente en Lima, emulando las del París de Haussman. Los volúmenes que la rodean siguen patrones básicos de diseño y un ordenado ritmo continuo de vanos. Su diseño original tenía un conjunto armónico de edificios de estilo republicanos, caracterizados por estar totalmente pintados de celeste. Lamentablemente, ahora están muy deteriorados y se usan para otros fines diferentes a los de su época. En el centro está el famoso obelisco coronado con una escultura Bolognesi en actitud triunfante, levantando la bandera del Perú en una mano y empuñando en la otra un revólver. Es una obra del escultor peruano Artemio Ocaña y está hecha en bronce, material proveniente de tres toneladas de casquillos de proyectiles de artillería. Un dato curioso es que esta escultura no corresponde al monumento original, que fue cambiado en 1954, durante el Gobierno de Manuel Arturo Odría. El original fue hecho por el artista español Agustín Querol, que mostraba a un Bolognesi aferrado a un asta con bandera y con la cabeza inclinada, a punto de desplomarse, en el mismo momento en que es abatido en batalla. Esta escultura fue controversial, porque algunos opinaban que no mostraba la actitud victoriosa de Bolognesi, y así fue que años después se cambió por la actual. 

  • Sabe usted mucho, señor Toño – dijo el muchacho que se levantaba al ver a un cliente entrar – ¿Me da unos minutos? Que me encantaría seguir escuchando más historia.

  • Claro, muchacho, claro… Tu cara se me hace muy conocida – dijo en un susurro el señor Toño mientras tomaba un sorbo de café

El muchacho lo miró y una lágrima cayó por su mejilla. 

PLAZA FRANCISCO BOLOGNESI

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