«He apostado en esta vida por la danza»

Para la séptima edición de nuestra agenda semanal hemos entrevistado a Pachi Villa Riestra, bailarina, coreógrafa y maestra de danza contemporánea. Licenciada en danza de la Universidad del estado de Nueva York (SUNY). Magíster en Artes Escénicas de la PUCP. Desde el 2000 enseña en la Escuela de Danza de la Universidad Católica del Perú (hoy, especialidad de Danza en la Facultad de Artes Escénicas, Fares). Ha bailado y presentado su trabajo dentro del Perú y también en Chile, Ecuador, México, Estados Unidos, Alemania y Hong Kong.

¿Quién es Pachi Valle Riestra?

Me describo como bailarina, coreógrafa, docente. Me he dedicado toda una vida a la danza. Comencé en la danza a los 7 años e hice de eso una profesión. Hace ya varios años que no bailo, pero creo que una vez que uno se siente bailarina, aunque ya no lo haga,  forma parte de tu identidad. Actualmente me dedico a la dirección, a la creación, la coreografía y la docencia.

¿Cómo fueron sus inicios en la danza?

Comencé a los 7 años por invitación de mi hermana. Tengo una hermana mayor, Tati, que bailaba y hacía acrobacias, era muy hábil, estaba siempre con su cuerpo en movimiento. Por su invitación comencé también a tomar clases de danza cuando vivíamos en Colombia, yo crecí en Bogotá y luego en Cali,  ahí comenzó y fue algo que nunca más dejé. Comencé haciendo talleres de expresión corporal y luego pasé a hacer jazz y ballet. En ese momento el estudio se llamaba la Academia de Danza, era una de las primeras que aparecía en Bogotá, donde se dictaban clases, además de ballet clásico, de jazz y de danza moderna. Entonces, esos fueron mis inicios, nunca más lo dejé. 

En un momento pensé que iba a estudiar otra carrera, pensé que iba a estudiar literatura porque me gustaba mucho la lectura y escribir de niña, pero había algo en mí que decía, no, yo quiero… sentía que la danza era algo que había que hacer ya en ese momento, no era algo que se podía postergar. Mis papás de alguna manera querían, mi papá y mi mamá, que estudie otra carrera y me decían, bueno, más adelante y ves si es la danza lo tuyo. Y para mí era como que no, es ahora o ahora.

¿A qué obstáculos se enfrentó cuando comenzaba?

No tuve grandes obstáculos, pero igual no es una carrera fácil en cuanto a que no es muy prometedora, es difícil vivir de la danza, se cree y no deja de ser cierto que la carrera de danza es algo que tiene como una fecha de expiración muy pronta, está muy asociada con la juventud. Cuando era joven y hacía ballet clásico, de repente los obstáculos que sentía tenían que ver con los estereotipos de cómo debía ser una bailarina que eran muy fuertes, en algún momento pasé como por temas de desórdenes alimenticios y una serie de cosas que no sé si los hubiera pasado si no hubiera bailado, pero en todo caso era común que ocurriese en el ámbito de la danza. Muchas personas no tenían esas exigencias de un cuerpo delgado, un cuerpo con tales características, tales proporciones, y si bien yo siempre era delgada, siempre fui delgada, no me sentía bien, sentía que tenía la cabeza muy grande, porque habían como esos ideales de belleza del ballet clásico que son un poco terribles. Entonces, creo que eso fue uno de los obstáculos, y luego,  cuando quise que esto fuera una carrera, no es que mis papás se opusieron porque de hecho me apoyaron, pero sí trataron de convencerme que estudie otra cosa, entonces tuve que convencerlos a ellos de que esto no era un capricho, de que yo lo iba a lograr a lo que sea, creo que eso fue uno.

¿Cómo ha sido su evolución en la danza?

Comencé con esos cursos de expresión corporal y creo que eso fue la mejor manera de comenzar, porque estaba muy relacionada al juego, a la expresión, a la creatividad, entonces creo que eso fue la perfecta manera para adentrarme al movimiento, a la transmisión, a la comunicación a través del movimiento,  y luego, prontamente, con clases de ballet y de jazz, al inicio el ballet no me gustaba tanto, el jazz me gustaba un poco más, sentía que había como más libertad, pero no pasó, creo que ni dos años para que ya sienta que el ballet clásico era lo que iba a ser y durante el resto de los años, hasta temprana, mi etapa de adolescente fue puro ballet clásico, pero hubo un momento decisivo, y es que cuando también decido que quiero estudiar danza conozco a la danza moderna, ese momento me cambió la vida, porque sentía que no había, que no era tan rígido, las expectativas de cómo debía ser una bailarina no eran las mismas del ballet clásico, me sentía con mucho más capacidad creativa, creo que también lo que me ha gustado de la danza no solamente es moverme y bailar, sino el crear a partir del movimiento, y sentía que en la danza moderna, la que había encontrado en ese momento, en los procesos creativos me sentía más partícipe de ellos, no solamente me aprendía pasos o movimientos, sino también colaboraba con la creación, y a nivel de movimiento, el uso de la columna, por ejemplo, era algo que me fascinó y que lo que reconocí más con la danza moderna. 

Después estudié en Nueva York, seguí tomando clases de ballet clásico, era parte de la carrera, pero pasé por todas estas técnicas de danza moderna norteamericanas, como son la técnica de Martha Graham, la técnica de José Limón, la técnica de Merce Cunningham, y también comenzaba a tener contacto con técnicas de danza contemporánea de maestros más jóvenes que ya tenían otras influencias. Para hacer un resumen, pasé del ballet clásico a la danza moderna, y luego a la danza contemporánea.. Pero también, durante los años que viví en Nueva York, me interesé mucho por las danzas afro-haitianas, las tomaba por puro placer, pero creo que de alguna manera eso también contribuyó a lo que ha quedado en mi cuerpo. Tuve muchas clases de danzas afro-haitianas y africanas de Senegal, puntualmente. Mientras bailé activamente nunca dejé de tomar distintas disciplinas, de hacer distintas prácticas, claro, dentro de lo que es la danza contemporánea, que es muy amplio, pero siempre siento que tuve curiosidad como por distintos acercamientos al movimiento. 

Luego de los ocho años que viví en Nueva York, regresé a Lima y me junté con dos bailarinas coreógrafas que ya venían trabajando, una llamada Rossana Peñalosa y la otra Mirella Carbone. Y Rossana Peñalosa, nos convoca a Mirella y a mí para que nos juntemos y alquilemos un espacio. Al comienzo, el proyecto no era muy ambicioso, nos juntamos para alquilar un espacio donde las tres podamos dictar clases. Ellas ya tenían sus alumnas, yo no, porque recién llegaba, no era conocida como docente aún. Y bueno, lo que comenzó con un proyecto, digamos, bastante poco ambicioso, pretencioso, se convirtió en algo muy importante porque tuvimos esa junta de las tres, las tres veníamos de generaciones distintas, yo en ese momento era la menor, con experiencias muy distintas, pero la junta de las tres yo siento que generó mucho interés y de pronto cuando elaboramos el espacio teníamos a un montón de gente, un montón de alumnos, la prensa se interesó en nosotros y nos apoyó mucho, esa es la importancia de que haya un medio que comunique lo que uno hace,  justamente. 

Tuvimos mucho apoyo de la prensa, muchos alumnos, el proyecto fue creciendo, nos mudamos a un local más grande, donde teníamos tres salones, teníamos un pequeño teatrín, entonces desarrollamos, si bien no era una educación oficial la que ofrecíamos, sí teníamos un plan como para la formación de futuros bailarines. Y además, también, obviamente, hay muchas clases abiertas a público que no le interesaba ser bailarín, pero que quería ir solamente a bailar. Llamamos a otras maestras y maestros a que dicten clases, también de danza contemporánea y de otras disciplinas de movimiento. Fue un proyecto muy bonito que duró ocho años y ahora me doy cuenta que todo lo que he mencionado ha durado ocho años. Viví ocho años en Colombia, ocho en Nueva York, ocho de Pata de Cabra, ocho como un número importante en mi vida.

Cuéntenos un poco de su experiencia como actriz

Sí, a veces leo por ahí que dicen Pachi bailarina y actriz. Yo me muero de vergüenza porque yo no me describo como actriz, yo me describo como una bailarina que actuó, pero que no es lo mismo que ser actriz, porque ser actriz implica un oficio, tener una formación. Yo llegué a actuar porque estaba en una función, estaba presentándome en una obra de danza y un director de cine, Cusi Barrio, fue a ver la obra y en ese momento él estaba por dirigir una serie de televisión llamada “Polvo para Tiburones” y querían a una actriz que pueda bailar, porque el personaje era de una mujer que se dedicaba al estriptis y me llamaron para hacer el casting, yo pensé que me estaban llamando para hacer una escena o que baile y no, resultó que hice el casting para el protagónico, y claro, además de que bailaba creo que yo era muy desinhibida porque también necesitaban a alguien que no tuviera inhibiciones con su cuerpo y entonces terminé haciendo este papel, que realmente fue una experiencia maravillosa. Pero claro, cuando voy al casting, pensé que solo iba a bailar y me dan unos textos largos y complejos, fue como que, bueno, tenía que aprender ahí, fumé un cigarro y me mareé, tenía nervios, no sé cómo me dieron el rol, pero fue una experiencia muy linda. en ese momento yo no tenía experiencia como actriz para nada, pero tuve el asesoramiento de José Enrique Mavila, él fue director de teatro y de alguna manera me dio ciertas herramientas, no voy a decir que me convirtió en actriz en dos meses, pero me dio ciertas herramientas para que pueda tener un mejor desempeño y tuve mucho apoyo, trabajé con grandes actores y actrices en esa miniserie y de verdad todos me apoyaron mucho, creo que fue una experiencia que la recuerdo maravillosa.

Después de eso me llamaron para hacer otra telenovela, “La rica Vicky”, pero ya en ese momento también disfruté mucho de esa novela, que creo que me gustaba, pero claro, mi profesión era la danza y toda la mayor parte de mi energía estaba puesta en eso, tenía la escuela Pata de Cabra y lo que pasó es que para uno trabajar en televisión no puede tener otros compromisos, yo tenía que salir a tal hora porque tenía mis ensayos de danza, mis clases en la escuela y las filmaciones a veces se extendían, entonces comencé a sentir mucha angustia, mucha ansiedad porque estaba llegando tarde al lugar, entonces dije no, no puedo continuar y lo dejé. Me propusieron un par de personajes más en otras novelas y ya no los acepté por ese motivo. 

Años después me llamaron para el Teatro de la Universidad Católica, para que actúe en una obra de teatro, en nada más ni nada menos que La Celestina, una de las obras más antiguas de la dramaturgia española, con el personaje de Melibea y eso también fue todo otro reto porque actuar en teatro fue difícil. No sé si hice una buena labor, pero claro mientras lo asumí, lo hice con gran responsabilidad, he hecho clases de voz, porque mi voz para el teatro no es muy buena, no tiene mucha proyección. Fueron experiencias que las aprecio y las recuerdo con mucho cariño, fue un mundo bien interesante, pero no me describo como actriz.

¿Y cómo incursiona para ser jurado de programas de baile?

De pronto me llamaron una vez para ver si me interesaba ser jurado de un programa. En realidad, cuando comenzaron los programas de concurso de baile acá, hace mucho tiempo, me habían llamado para uno de los primeritos, pero en ese momento yo iba a viajar y no acepté y luego un año después me llaman para este programa que se llamó Desafío y Fama, que es un programa de baile y canto. Yo no sé si me hicieron un casting o no, pero creo que simplemente hablaron conmigo, vieron si me interesaba, ya no me acuerdo si me habrán filmado, habrán hecho algún tipo de prueba, pero la cuestión es que entré junto con Osvaldo Cattone, el gran director de teatro que falleció hace poco, y con Cecilia Bracamonte, la maravillosa cantante, como jurado de ese programa, todas esas experiencias que he tenido, que no he buscado yo, pero que se han presentado, me han sido muy enriquecedoras.

Luego de ese programa me llaman del programa que condujo Gisela Valcárcel, ”Bailando por un Sueño” que de ahí se convirtió en el “Show de los Sueños”, por mucho tiempo he sido jurado de programas, el último en que estuve fue en “Los cuatro finalistas: baile”, así que casi la mayoría de la gente me conoce por eso, como jurado de programas de baile, y curiosamente, yo odio los concursos, los detesto, entonces, mi conflicto a veces era “el arte no se puede juzgar”, pero después comencé a comprender que no toda la danza tiene el mismo propósito artístico y que son totalmente válidos, esto es de competencia, no existe mucha danza de competencia y hay bailarines que eso es lo que les interesa, y comprendí que aquellos que están participando es porque les interesa competir. Pero claro, mi forma de juzgar tenía que ver más con lo que soy yo, que es pedagoga, educadora, porque siento que mis comentarios iban más como por qué puedes potenciar, qué puedes corregir, más que simplemente juzgarlo de manera está bueno, está malo, te pongo un 10, te pongo un 5, creo que tenía que ver con eso otro que me provocaba aportar para que mejoren o potencien su performance.

¿Cuál es su mayor logro hasta la fecha?

Yo creo que persistir acá, en esta profesión tan difícil que es ser artista y sobre todo artista de la danza en Perú, creo que persistir ha sido mi mayor logro, no soltarlo. Porque, como ves, he tenido otras posibilidades que han sido muy gratas y muy tentadoras y que de repente me hubieran podido dar mayor estabilidad económica en un momento, pero creo que he tenido muy claro, que si bien las he aceptado y las disfruté muchísimo, yo he apostado en esta vida por la danza y de repente ya de aquí a unos años, diga ya no más, pero hasta el momento aposté por eso en mi vida y a toda costa he persistido, haciendo distintas cosas relacionadas a la danza, pero finalmente me he quedado con mi profesión.

¿Cuál es el aporte de la danza a la sociedad?

Cuando hablamos de danza o de baile, estamos hablando de algo que la mayoría de los seres humanos disfrutan y pueden hacer. Entonces, el aporte de la danza en sí es muy amplio. Por un lado, el acto de bailar creo que hay personas que no les gusta, a mi papá, por ejemplo, no le gusta bailar, pero la mayoría de las personas, el acto de bailar solo, acompañado, de forma social, es algo que hace bien, hay algo ahí, no solamente porque estamos moviendo el cuerpo y generando serotonina, sino hay esta necesidad como de expresar, de manifestarse a través del movimiento, en relación a veces mucho a la música o lo que fuera, es algo que es inherente en el ser humano y que nos hace bien. Por algo, todos los seres de todas las culturas bailan. 

Eso por un lado, pero cuando hablamos de la danza escénica, que finalmente es a lo que yo me dedico, siento que como todo arte sensibiliza. No todo el arte tiene que ser provocador y reflexivo, hay uno que simplemente es entretenimiento. Pero el arte te ayuda a tener una especie de pensamiento, y la danza, puntualmente, como no está la palabra de por medio, como suele ser abstracto, siento que ayuda mucho al pensamiento abstracto, a darle, a comprender de repente ciertos conceptos que están plasmados de formas no concretas, o pero de repente no literales, ayuda cognitivamente mucho a quien lo percibe, a quien lo observa.

Y a quien lo practica le da un montón de propiocepción, ayuda a tener las relaciones entre personas, a desarrollar la percepción desde los sentidos, de verdad, hay innumerables aportes de la danza en general. Y repito, para el que lo practica, como para el que lo observa, lo ve, el espectador también. Yo siento que cuando uno ve un espectáculo de danza, se llena de muchas sensaciones. Aunque la persona no entienda uno se carga de esa energía, cuando uno se llena de esa energía, hay la empatía kinestésica, básicamente, el sentido de la kinestesia es como otro sentido más, que es cuando uno, por medio del movimiento, de lo que percibe del movimiento, siente también. Entonces, hay muchas personas que ven movimiento y a la vez lo están sintiendo, experimentando en su cuerpo,  algo que me parece que es bien interesante en la danza es como cada persona, los espectadores, van a hacer de ella un poco lo que necesitan y cómo funciona ello, por ejemplo, hay gente que ve en la danza y de repente ve por ahí temas atacados, crea narrativas increíbles, otros no necesariamente van por ahí, sino que de repente simplemente los eleva, los hace sentir sensaciones y se quedan con eso, otros se emocionan, otros se fascinan por las capacidades anatómicas del cuerpo humano. Pero sí siento que, de acuerdo a la mente y a las emociones y al espíritu de cada persona, hacen de la danza algo distinto.

¿Qué aporte le gustaría dejar a la cultura peruana?

En realidad, creo que más que dejar algo como artista, creo que en los últimos años uno de mis mayores intereses ha sido ayudar a difundir, a abrir espacios, cada vez es más difícil, desafortunadamente, ya estamos viendo lo que está pasando, le quieren cortar el presupuesto a las escuelas de arte, no quiero ser pesimista pero es lo que siento que está pasando. Creo que uno lo que quisiera que sea sus mayores aportes es ayudar como a conectar a los artistas de la danza entre sí, a que sus trabajos sean conocidos, a que se difundan, a abrir más espacios, no es que no tenga interés yo como artista también y que con mi arte quiera de alguna manera también provocar o generar cosas, pero creo que ahorita me interesa mucho más ser un poco como alguien que hilvana y que difunde. 

¿Cómo se ve el futuro de la danza en el Perú?

Es cierto que desde el 2018 el Ministerio de Cultura ha lanzado más estos fondos concursables que han podido beneficiar a artistas escénicos en general, y también de la danza, como una manera de proponer, de promover, de apoyar a los artistas, pero así como ocurre eso, ocurren estas otras cosas que son tan terribles, como el recorte a las escuelas de arte, que le quitan espacio y lugar a las artes y a la danza. De todas las artes, la danza siempre es la más golpeada, cuando hablo de artes, hablo en general, pero la danza aún se está viendo más golpeada. Entonces, tengo miedo porque no sé cuál es el futuro, cómo va a ser el futuro de la danza. Siento que cada vez hay más gente que practica la danza no solamente por placer, sino que también se quiere formar como profesional en la danza, pero no necesariamente se están abriendo más espacios para ejercer la profesión y eso a mí sí es algo que me quita el sueño literalmente, sobre todo porque yo trabajo en una universidad, formó gente y me crea mucha angustia pensar que de repente no puedan ejercer dignamente su profesión.

¿Qué consejos le podría dar a los jóvenes que se están iniciando en la danza?

Algo que es muy importante es conocer cuál es el contexto donde se van a desempeñar, conocerlo, adaptarse, ser abierto, ser creativo, porque a veces tenemos muchas ideas de cómo queremos ejercer nuestra profesión, qué queremos hacer,  todo el mundo dice sigue tras tus sueños, eso suena lindo, pero a veces los sueños, uno se va a caer, se va a golpear durísimo si no ubica, si no estamos ubicados, si no conocemos cuál es nuestra realidad. Entonces creo que es muy importante conocerla para saber realmente qué podemos hacer y no tener estas ideas un poco idílicas, románticas de lo que puede ser la danza y que lo único que van a hacer es llevarnos a frustración y decepción.

Entonces mi consejo es no se rindan, por supuesto, vayan con lo que les interesa, pero conociendo y sabiendo que tenemos que ser seres adaptables, tenemos que tener recursos para poder aplicar lo que hacemos y lo que nos interesa, el conocimiento de nuestro entorno y la adaptabilidad me parece importante. 

¿Qué le recomendarías a alguien que nunca ha visto danza contemporánea?

Que vaya sin pensar que debe de comprender algo específico, porque al final todos le damos sentido a cualquier cosa que vemos, porque así en la mente humana uno le va a dar sentido, pero no ir pensando que tiene que comprender una sola cosa, que hay como un mensaje o una historia que debe de comprender, porque no, que vaya en ese sentido con la apertura de ver qué cosa de lo que está viendo le toca o le resuena.

Pero danza contemporánea es también una categoría muy amplia, hay mucha variedad de danza contemporánea,  es difícil porque uno puede ver algo de danza contemporánea que es totalmente distinto a otra propuesta, en ese sentido, claro, creo que mi mayor sugerencia es ir sin pensar y no sentirse mal si no capto algo, que es porque se le pasó o porque no pudo entender y que eso es un problema que ellos tienen, sino que realmente vaya con la apertura a ver qué cosa le conecta con aquello que está viendo.

¿Cuál es su opinión sobre las redes sociales y su impacto en la cultura?

Yo estoy totalmente tomada por las redes sociales porque lo primero que hago cada día y lo último que hago es chequear el Instagram. Entonces siento que estoy realmente tomada por ella y que tengo una relación muy complicada, muy conflictiva, no complicada con las redes, porque por un lado sí siento que ayudan a difundir, no es una forma de difusión, pero también siento que hay como un sobre estímulo y sobrecarga de información que al final uno ve todo y no ve nada, eso me pasa a mí, siento que me entero pero de manera muy superficial, que más bien me abruma y veo cosas pero no las leo, eso siento que les pasa mucho, uno ve información pero no se da el tiempo de leerla. Siento que las redes nos dan información pero nos quitan tiempo para informarnos más profundamente, tiene su pro porque sí aporta, porque ahora es mucho más fácil que se conozca lo que algunas personas están haciendo que antes, si a uno no le dan bola en la prensa pues nadie se enteraba de lo que uno estaba haciendo, en ese sentido, hay como una  democratización de las actividades y de la información, pero sí siento que hay un sobre estímulo y quizás se profundiza un poquito menos. 

Un próximo entrevistado

En danza hay dos coreógrafas que siento que están sumamente activas últimamente. Luz Gutiérrez es una de ellas, ella viene del folclor, pero hace trabajos que son sumamente contemporáneo,  son muy interesantes  La otra es Cristina Velarde, una colega, trabajamos juntos en la Universidad Católica, hemos bailado, ha trabajado en algunas obras que yo dirigí. Pero Cristina Velarde es alguien que no ha dejado de crear últimamente.

Agradecimiento a:
Librería La Rebelde / Calle Batalla de Junín 260, Barranco

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