¿Una pirámide de 800 años que estuvo a punto de convertirse en mercado? 

Huaca Huantille


En medio del movimiento cotidiano de Magdalena del Mar se encuentra uno de los vestigios más importantes del pasado prehispánico de Lima. La Huaca Huantille es el único sitio arqueológico del distrito y un lugar donde todavía es posible recorrer antiguos espacios ceremoniales, conocer cómo vivieron las sociedades que habitaron la costa central hace más de ochocientos años y descubrir la historia de un monumento que estuvo a punto de desaparecer.

Hoy, este patrimonio abre gratuitamente sus puertas al público con visitas guiadas, una sala de exposiciones, una sala de lectura infantil y una programación cultural que incluye cine, conciertos, conversatorios y otras actividades para toda la familia.

El gran centro ceremonial de los ichma


La Huaca Huantille fue construida entre los años 1100 y 1450 d. C. por el señorío Ichma, una de las sociedades más importantes que se desarrolló en los valles de los ríos Rímac y Lurín antes de la expansión del Imperio inca. No fue un edificio aislado, sino un importante centro administrativo y ceremonial desde donde se organizaban actividades políticas, religiosas y económicas.

Este monumento dependía del curacazgo de Maranga y estaba conectado mediante antiguos caminos con otros importantes complejos arqueológicos, como Mateo Salado, Tres Palos y Maranga, actual Parque de las Leyendas. Esa red demuestra el alto nivel de organización que alcanzaron los ichma y la importancia que tuvo esta zona dentro del valle de Lima.

El arqueólogo Marco Antonio Guillén, quien dirigió las investigaciones y el proceso de recuperación del sitio, señala que Huantille fue la construcción principal del llamado Grupo Huantille, conformado originalmente por cinco huacas. Sin embargo, las otras cuatro fueron destruidas durante la expansión urbana de Lima en el siglo XX. La huaca que hoy conocemos es la única que logró conservarse.

Con la llegada de los incas, hacia mediados del siglo XV, el lugar continuó siendo utilizado debido a su importancia política y religiosa, integrándose a la organización del Tahuantinsuyo.

¿Qué significa el nombre Ichma?


El nombre Ichma —también escrito Ychsma o Ychma— identificaba tanto al señorío como a su principal centro religioso, que más tarde sería conocido como Pachacámac durante el dominio inca.

Diversos estudios indican que este nombre podría estar relacionado con la costumbre de pintarse el rostro de color rojo durante ceremonias y rituales. La historiadora María Rostworowski planteó que ese pigmento probablemente se obtenía del achiote, la hematita o arcillas rojizas extraídas de la zona de Tablada de Lurín. Aunque el significado exacto del término sigue siendo materia de estudio, esta interpretación ayuda a comprender la importancia que tenían el simbolismo y las ceremonias dentro de la cultura ichma.

Mucho más que una pirámide


Al observar Huantille desde el exterior destaca su forma piramidal y su gran escalinata central. Sin embargo, el monumento fue mucho más que una gran construcción de tierra.

Para el arqueólogo Julio C. Tello, el valle de Lima fue uno de los espacios más importantes de la costa peruana debido a su ubicación estratégica para el comercio, la administración y el control del territorio. En ese contexto, Huantille ocupó un lugar privilegiado como uno de los principales templos del valle.

Durante mucho tiempo algunos investigadores pensaron que podía tratarse de una fortaleza. Hoy, gracias a las excavaciones arqueológicas, se sabe que su función fue principalmente administrativa y ceremonial.

El conjunto fue construido con una técnica característica de la costa peruana: grandes muros de tapial levantados sobre rellenos de tierra y cantos rodados. En su interior se han identificado plazas, patios, pasadizos, escaleras y diversos recintos organizados alrededor de una amplia plaza central.

Uno de los descubrimientos más interesantes son las habitaciones con banquetas en forma de «L», una característica poco común dentro de la arquitectura ichma. Los arqueólogos consideran que estos espacios pudieron servir para reuniones de las autoridades locales, donde se discutían decisiones relacionadas con la producción agrícola, la distribución de recursos y el gobierno del territorio.

Ceremonias, ofrendas y entierros


Las investigaciones arqueológicas han permitido reconstruir parte de las actividades que se realizaban en Huantille hace varios siglos.

Sobre las plataformas del monumento se encontraron fogones utilizados durante ceremonias rituales, junto con restos de ofrendas de maíz, maní, hojas de pacae, gramíneas, cuyes, camélidos y diversos productos marinos, como peces y cangrejos. Estos hallazgos muestran la estrecha relación que los antiguos habitantes mantenían con la naturaleza y las divinidades que veneraban.

Las excavaciones también revelaron entierros pertenecientes a diferentes momentos de ocupación del sitio. Entre los descubrimientos más importantes figuran una momia de aproximadamente 1,70 metros de longitud y el fardo funerario de un niño de unos tres años, acompañados por cerámicas, mates decorados, textiles y objetos elaborados en cobre, plata y oro.

La cerámica encontrada también evidencia el intercambio cultural que existía entre los ichma y otros pueblos de la costa peruana, ya que se identificaron piezas de estilo Chancay junto con vasijas ceremoniales y de uso cotidiano.

Los colores que tuvo Huantille


Aunque hoy predominan los tonos naturales de la tierra, la huaca fue un lugar mucho más colorido.

Durante las excavaciones aparecieron muros pintados de blanco, amarillo, azul y gris, además de decoraciones geométricas en color rojo realizadas en bajo relieve. Estos detalles permiten imaginar el aspecto original del monumento y muestran que su arquitectura no solo cumplía una función práctica, sino también simbólica dentro de las ceremonias que allí se realizaban.

Del abandono a la recuperación


La historia reciente de Huantille es casi tan sorprendente como su pasado prehispánico.

A partir de la década de 1940, el crecimiento de Lima provocó la desaparición de gran parte del antiguo conjunto arqueológico. Cuatro de las cinco huacas fueron demolidas y la única sobreviviente sufrió invasiones, acumulación de basura y un progresivo deterioro. Durante varios años incluso se propuso reemplazarla por un mercado o un centro cívico.

En 2001 fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación y, cinco años después, comenzó un importante proceso de recuperación impulsado por la Municipalidad de Magdalena del Mar con el acompañamiento del entonces Instituto Nacional de Cultura. Gracias a las investigaciones dirigidas por el arqueólogo Marco Antonio Guillén fue posible recuperar gran parte del monumento y descubrir numerosos vestigios que permanecían ocultos bajo la tierra.

Las labores de conservación continuaron en los años siguientes con mejoras en la iluminación, la construcción de un nuevo cerco perimétrico y el acondicionamiento del sitio para recibir visitantes. Aunque actualmente solo se conserva cerca del treinta por ciento de su extensión original, Huantille sigue siendo uno de los ejemplos más importantes de la arquitectura ichma que aún permanecen en la ciudad.

Un patrimonio que hoy pertenece a todos


Lejos de ser un espacio reservado para especialistas, la Huaca Huantille se ha convertido en un punto de encuentro entre la historia y la comunidad.

El ingreso es gratuito y las visitas guiadas permiten conocer de manera sencilla la historia del monumento, su arquitectura y los principales hallazgos arqueológicos. El recinto también cuenta con una sala de exposiciones donde se presentan muestras relacionadas con el patrimonio cultural y una sala de lectura infantil que acerca a los niños al pasado prehispánico mediante actividades educativas.

Además, durante todo el año se desarrollan proyecciones de cine, conciertos, conversatorios, talleres y otras actividades culturales que convierten a la huaca en un espacio vivo, donde el patrimonio dialoga con el presente.

Hoy, recorrer este monumento es descubrir cómo la arqueología ha permitido reconstruir una parte de esa historia y comprender que el patrimonio no pertenece únicamente al pasado. Es un legado que sigue vivo, abierto a todos y dispuesto a revelar los secretos de una ciudad que aún conserva, entre sus calles, las huellas de sus antiguos habitantes.

  • Jr. Castilla 1211, Magdalena del Mar
  • De lunes a viernes de 8:00 a.m. a 1:00 p.m.  y de 2:00 p.m. a 5:00 p.m.
  • EntradaLibre

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