La Flor de la canela
Pocas canciones han logrado representar al Perú como «La flor de la canela». Sus versos evocan el viejo puente, el río y la alameda, pero detrás de esa imagen también existe una historia real: la de Victoria Angulo, una mujer afroperuana cuya elegancia y forma de caminar cautivaron a Chabuca Granda y dieron origen a uno de los valses más importantes de la música peruana.
La inspiración detrás del vals
La mujer que inspiró la canción fue Victoria Angulo Castillo de Loyola, una mujer afroperuana que vivía en el Rímac. Ella y Chabuca Granda se conocieron cuando Victoria visitaba con frecuencia a la compositora en la antigua Botica Francesa, ubicada en el jirón de la Unión, donde Chabuca trabajaba como representante de los cosméticos Helena Rubinstein.
Durante esas conversaciones, Victoria le contaba el largo camino que recorría para volver a su casa: cruzaba el antiguo Puente de Palo —hoy Puente Santa Rosa— y continuaba hasta la Alameda de los Descalzos. Años después, ese trayecto cotidiano quedaría inmortalizado en versos como «Del puente a la alameda, menudo pie la lleva», convirtiéndose en uno de los paisajes más reconocibles de la música peruana.
La elegancia que conquistó a Chabuca
Lo que cautivó a Chabuca Granda fue su presencia. Veía en ella a una mujer de elegancia natural, caminar sereno y una dignidad que llamaba la atención sin necesidad de lujos. Esa manera de estar en el mundo fue la verdadera inspiración de la canción.
Este aspecto cobra un significado especial si se considera el contexto de la época. En la Lima de mediados del siglo XX era poco común que una mujer afroperuana fuera retratada como símbolo de belleza, elegancia y nobleza en una composición destinada a convertirse en un himno nacional. Con «La flor de la canela», Chabuca rompió esos estereotipos y puso en el centro de la canción a una mujer cuya grandeza estaba en su porte y en su humanidad.
Curiosidades que esconde la canción
Aunque suele pensarse que la canción retrata únicamente a Victoria Angulo, también es un homenaje a la Lima tradicional. Chabuca unió la historia de su amiga con los paisajes más representativos de la ciudad, creando una obra donde la memoria personal y la historia limeña se entrelazan.
Otro detalle poco conocido es que el célebre verso «el viejo puente, el río y la alameda» tiene su origen en una conferencia del historiador Raúl Porras Barrenechea sobre la Lima virreinal. Chabuca tomó esa imagen y la transformó en uno de los versos más recordados de la música criolla.
También se cree que los versos «jazmines en el pelo y rosas en la cara» son una metáfora. Los jazmines aludirían a las canas que comenzaban a aparecer en el cabello de Victoria, mientras que las rosas representarían el rubor de sus mejillas, una muestra del lenguaje poético con el que Chabuca transformaba la realidad en canción.
El nacimiento de un clásico
Chabuca Granda terminó de escribir «La flor de la canela» el 7 de enero de 1950, según dejó registrado en su diario. Meses después, el 21 de julio de ese mismo año, decidió estrenarla durante la celebración del cumpleaños número 59 de Victoria Angulo, quien escuchó por primera vez la obra que la inmortalizaría. La primera grabación comercial llegó en 1953 con Los Morochucos, y poco después otras interpretaciones llevaron el vals a todo el Perú y al extranjero.
Un símbolo de la identidad peruana
Más de siete décadas después, «La flor de la canela» continúa siendo una de las composiciones más queridas del repertorio peruano. Su grandeza radica en que nació del encuentro entre tres inspiraciones: una mujer afroperuana de extraordinaria elegancia, la nostalgia por la Lima tradicional y la sensibilidad poética de Chabuca Granda.
Más que retratar el aspecto físico de Victoria Angulo Castillo de Loyola, la compositora quiso celebrar su dignidad, su porte y la belleza de lo cotidiano. Gracias a esa mirada, una mujer común se convirtió para siempre en uno de los grandes símbolos de la identidad peruana y en la protagonista de una canción que sigue emocionando a generaciones dentro y fuera del país.
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