“Las piezas artísticas son detonantes que hacen liberar la memoria”

Compartimos la entrevista realizada a Mauricio Delgado Castillo, artista visual y museógrafo de la Casa de la Literatura Peruana, quien nos habló sobre su trayectoria artística y del mundo de la museografía, un área de gran importancia en las exposiciones y que no todos conocemos. 

¿Quién es Mauricio Delgado?

Soy artista visual, museógrafo, nací en Perú, tengo 42 años. Dedico mi trabajo artístico al tema de los derechos humanos y la memoria. Soy activista también del movimiento de derechos humanos. Estas han sido mis preocupaciones y temas personales desde que empecé. Estudié primero comunicaciones, luego artes visuales y después me especialicé en museografía. 

¿Cómo se dio su acercamiento a las artes plásticas?

En realidad lo descubrí de chiquito y fue culpa de mi papá. No es un cliché, ni es una frase hecha, pero mi recuerdo más antiguo, es dibujando. Recuerdo que yo les decía a mis papás: ¡estoy aburrido! y mis papás lo que hacían era darme lápices y papel y yo dibujaba, entonces es culpa de mis papás que yo me dedique a esto. Luego estudié pintura, me dediqué más a las instalaciones y a las intervenciones en el espacio público. Pero mi acercamiento al arte es a través del dibujo y la pintura. 

¿Cómo surgen las temáticas que presenta en sus propuestas artísticas?

En principio surgen de una necesidad muy personal, de estar siempre muy preocupado por la situación social y política de nuestro país. Mis temas y mi propuesta artística tienen una posición política muy clara. Pero digamos que la defensa de los derechos humanos, la memoria, que es mi tema principal, o el más extenso, considero que al igual que otros artistas de mi generación, inicia luego de la lectura y todo el proceso de la Comisión de la Verdad y Reconciliación, tanto las audiencias públicas como la lectura del informe fueron para mí un hecho que marcó un antes y un después en mi desarrollo como ser humano y como artista. Desde ahí empiezo a involucrarme no solamente en la temática, sino en el activismo por los derechos humanos, conozco gente, conozco problemas y hacen que ese compromiso pase del interés académico a una posición de vida.

¿Cómo ha sido su evolución en las artes plásticas?

Empecé pintando, mi especialidad es la pintura, me fascina pintar, y es algo que hacía mucho antes. Pero siempre he tenido dos consignas máximas: una es que para mí la idea es el que marca el derrotero final de la obra artística, entonces la idea es lo más importante, primero pienso la idea y luego cuál es el mejor medio para expresarla, eso me lleva a que a veces no pinte sino que haga una instalación, una intervención en un espacio público, una publicación u otra cosa. Y lo segundo es que me aburro muy rápido de hacer siempre lo mismo, entonces no puedo hacer muchos proyectos solamente pintando, o solamente a través de la instalación, me gusta siempre estar cambiando y buscando nuevos medios.

Estas dos características han hecho que transite desde la pintura, a la instalación artística y luego finalmente en la intervención en el espacio público, que es en lo que estoy metido ahora, llevando, sacando el arte de las galerías, tratando de involucrar al espacio público, pero también a la gente, me interesa mucho el arte participativo. Desde hace tiempo, cuando hago proyectos individuales no busco dar una idea mía sino más bien creo un espacio para preguntarme cosas, para preguntar cosas y que sea la gente la que termine de responder, en cada proyecto planteó algunas preguntas, pero abro otras, y esas otras me dan pie para el que viene, es como un experimento continuo. El conocimiento se construye con la participación.

Cuéntenos un poco sobre la Asociación Cultural Museo Itinerante de Arte por la Memoria y sobre el colectivo La Brigada Muralista

El Museo Itinerante y La Brigada Muralista son dos colectivos a los que yo he pertenecido. Estuve en el Museo Itinerante desde su fundación, en el 2008 hasta el 2018, era un museo ambulante que recogía una serie de piezas artísticas que habían tematizado el conflicto armado interno y nuestra intención era no esperar que la gente vaya al museo sino ir nosotros a donde está la gente. Hacíamos exposiciones itinerantes en plazas públicas, en mercados, en comedores populares, en colegios, iglesias, donde pudiéramos gestionarnos, teníamos siempre la intención de tener una curaduría más abierta que no solamente fuera estática, no siempre las mismas piezas o los mismos artistas, si estábamos en Ayacucho, por ejemplo, procurabamos convocar a artistas ayacuchanos para que también formen parte de la exposición y así ir nutriendo y complejizando el discurso. Finalmente, era un pretexto para dialogar. Creo, y lo creíamos en ese momento en el colectivo, que la memoria no está en las piezas artísticas, sino que las piezas artísticas son detonantes, son catapultas, que lo que hacen es justamente liberar la memoria. La memoria es un hecho social, la labor de la pieza artística es eso. Entonces teníamos una serie de estrategias para a través de conversatorios, debates, visitas guiadas, y otra serie de cosas, dialogar, debatir a veces, pelear muchas veces, en el espacio itinerante del museo. 

La Brigada Muralista es otro colectivo al que yo quiero mucho, en el que estuve también y que dejó de funcionar luego de nueve años. Es un colectivo que tuve con otros grandes amigos artistas y hacíamos algo que llamamos muralismo comunitario, es decir, que tanto la idea como la hechura del mural no estaba hecha o decidida por los artistas, sino por la comunidad visitada, era un proceso horizontal, democrático, tanto la idea o la generación de ideas, cómo esas ideas se vuelven imágenes y cómo luego pintamos esas imágenes se hacía entre artistas y vecinos del lugar, con la intención de democratizar el consumo del arte, pero también los procesos artísticos. Era importante para nosotros los temas que trabajas, tan importante cómo produces el arte que trabajas y dónde lo exhibes. Y la Brigada Muralista era eso, generaba procesos horizontales, de un día sin boceto llegábamos a algún barrio, se planteaba un problema y al final del día había un mural. Para nosotros la idea era borrar las fronteras entre proceso y producto, el producto es tan importante como el proceso previo; las fronteras entre artista y no artista, entre artista y espectador y fundamentalmente la frontera entre el arte y la vida,  porque el arte sucedía no necesariamente en los lugares que estaba hecho para que suceda, como una galería, sino que podía pasar en una loza deportiva, en la pared de un comedor popular, etc.

¿Cuándo incursionó en el mundo de la museografía?

Empecé de casualidad. A través del Museo Itinerante primero y de algunos trabajos que había hecho en centros de interpretación, de espacios dedicados al turismo sostenible, hace como 15 años atrás, había tenido algún acercamiento con el mundo de los museos. Pero luego sucedió que la Casa de la Literatura Peruana tenía un proyecto de remodelar o de actualizar la parte visual de su exposición permanente y me convocaron como artista para ver la parte visual de la exposición, pero el proyecto, a medida que fuimos trabajando, se fue complejizando más, se hizo más grande, la propia dirección y gestión de la Casa se dio cuenta que era necesario no solamente alterar el diseño gráfico, la parte visual, sino la curaduría, la museografía en sí y es ahí donde, casi sin querer, tránsito de ser diseñador gráfico, entre comillas, el director de arte, digamos, algo así, a volverme de pronto el museógrafo de esta actualización. 

Luego me metí en algunos cursos de museografía, hice un máster en museología, y me fui metiendo más en el tema, ha sido una gran parte de mi vida, es gran parte de mi vida ahora, es una disciplina que yo quiero mucho y que usualmente pasa desapercibida. Está muy reconocida la labor de la curaduría o el rol de la curaduría, de la investigación, pero lo que hacemos los museógrafos, aunque es bien evidente y en la sala está todo el tiempo, es poco conocida en nuestro medio.

¿En qué consiste la museografía?

La museografía es una disciplina que combina muchas prácticas de otras artes, como el arte sonoro, las artes visuales, la escenografía, etcétera. Lo que hace es darle forma a los contenidos curatoriales, por ejemplo, el guión curatorial dice vamos a hablar de las vanguardias literarias de los años 20 y queremos exponer estos 10 poemas y estas 5 fotos, resumiendo un guión, la museografía lo que hace es darle forma a eso, utilizar los elementos del lenguaje visual para ver qué color va a tener la exposición, con qué luz se va a iluminar, qué texturas van a estar presentes, etcétera. Es decir, como utilizo otros recursos sensoriales y emotivos para darle forma a estos contenidos que solamente son textos y fotografías. Se pueden generar instalaciones o algún tipo de recorrido en particular.

Yo defino siempre la museografía como un puente, un puente entre el contenido, un puente de tres entradas, el contenido, el contenedor, que es la arquitectura, y el público. Es el que tiene que mediar, la museografía tiene mucho de pedagógica, por eso tiene que mediar entre el contenido científico de la investigación, que produce el guión curatorial, y el público  en un espacio concreto que es el museo.

EntradaLibre visitó la exposición «Felipe Guaman Poma de Ayala. Del mundo vuelve el autor» comentenos algunos detalles sobre esa experiencia

Es una exposición bien particular en la Casa de la Literatura porque el proceso se inició antes de la pandemia, estaba programada para el año 2020, teníamos más o menos dos semanas de iniciado el trabajo, la primera etapa, que es la investigación solamente y vino la pandemia, nos mandaron a cuarentena. Al inicio de la cuarentena, cuando pensábamos que esto duraba dos semanas o un mes, continuamos trabajando como si no pasara nada, pero luego caímos en cuenta de lo que iba a suceder, de lo grave que era la situación y el proyecto se pospuso y se retomó este año. 

Ha sido un proceso de investigación, que tomó aproximadamente cinco meses de trabajo. Luego de la investigación vino la etapa del desarrollo curatorial, la museografía, es decir, toda la etapa de desarrollo de diseño gráfico, arquitectónico y finalmente la producción. Los procesos de montar una exposición son bastante grandes, y más cuando vienen con investigación de por medio. Esta exposición ha sido una de las más ambiciosas, además, por el despliegue arquitectónico que hemos hecho dentro de la Casa de la Literatura Peruana, hay una serie de rampas con las buscamos que igual que Guaman Poma de Ayala redactó su nueva crónica caminando el país, caminando el Perú de ese entonces y recogía las denuncias que transcribe en su nueva crónica caminando, queríamos que el espectador, al igual que Guaman Poma, pueda con su cuerpo, desde diferentes perspectivas y alturas también recorrer la sala y experimentarla como una cartografía sensible, como un paisaje metafórico de esas denuncias del ayer, pero con ecos en el presente, por eso el despliegue de rampas, de subidas y bajadas, de cambios de perspectiva, pensando en el visitante caminante.

¿Cuáles considera que han sido sus mayores logros hasta el momento?

Como museógrafo he tenido la oportunidad de diseñar dos de las exposiciones de Perú en las ferias del libro de Guadalajara y Chile, Perú fue el país invitado esos años, el invitado de honor, y me tocó diseñar la exposición por mi trabajo en la Casa de Literatura Peruana. Y otra cosa de lo que me siento bien orgulloso, en el plano de la museografía, es que creo que justamente desde Casa de la Literatura Peruana hemos construido, junto con el equipo que trabaja ahí, una propuesta de museografía que tiene al público por delante, y que tiene una impronta pedagógica, pero también sensible, es una forma de hacer museografía que intenta pensar más desde la sensibilidad y en el público, antes que en los lenguajes tradicionales del museo. Entonces eso nos ha permitido hacer cosas, a veces un poco fuera de lo común, de las que yo me siento bastante orgulloso.

Y como artista, desde joven mi objetivo era estar relacionado con las organizaciones sociales y que mi arte sirva para visibilizar algunos temas, para ayudar a que esos temas se posicionen de alguna forma, incluso no tenía como objetivo exponer en galerías, estaba pensando más en otros espacios no tradicionales. En este sentido, me siento orgulloso de haber mantenido esa consecuencia que creo que mi trabajo, por los temas que toco, necesita, de no limitarme a un espacio y a un público determinado, que puede ser el habituado a galerías y al mundo del arte, sino más bien aquel que está metido en otro tipo de procesos.

¿Qué aporte le gustaría dejar a la cultura peruana?

No sé si es un aporte necesariamente a la cultura peruana, pero sí a la forma en la que trabajamos dentro de la cultura, algo que creo que sí es importante en mi posición y en mi trabajo es que hay una consecuencia entre lo que siento, pienso y hago, no hay mucha diferencia entre lo que siento, pienso y hago como ser humano y lo que siento, pienso y hago como artista, ni como museógrafo. Entonces ahí, en esa urdimbre, ese tejido entre esas tres tres dimensiones de la vida creo que podría ser algo por lo que pudieran decir: “vamos a recordar a Mauricio por eso”.

¿Cuál es el aporte de las artes plásticas a la sociedad?

Las prácticas artísticas en general nos ofrecen otras formas de entender el mundo, de relacionarnos, otras sensibilidades con las cuales empatizar, que no son las que normalmente uno puede ver. Por eso yo hago parte de mi activismo social, político, de derechos humanos, a través del arte, porque creo que tiene la capacidad no solamente de hablar a la razón, sino también a los sentimientos, al corazón, digamos, al cerebro y al corazón, puede hacernos comprender ciertas cosas o dar información desde otras claves, no desde la clave racional, sino desde la emocional. Y creo que esos son los caminos más efectivos para lograr tomas de conciencia, para lograr cambios en uno mismo y en la relación que tenemos con el mundo, que es lo más importante, cómo nos relacionamos con todos los seres de la Tierra, entre seres humanos, pero también con los animales, con los árboles, con el agua, etcétera.

¿Con qué expectativa debería ir una persona al museo?

Creo que debería ir esperándolo todo, los museos y las galerías son espacios que justamente están aislados de lo que pasa en la ciudad, son cubos blancos, son espacios cerrados y eso tiene sus problemas pero también tiene sus cosas buenas, y es que son un espacio aparte de lo que está sucediendo en la calle, entonces, uno puede generar allí ambientes independientes, microcosmos, de alguna forma. Al menos como yo entiendo la museografía, siempre planteamos que en el espacio de la galería o de la sala de exhibición el espectador pueda sentirse en el centro de las emociones, en el centro de las sensaciones, que todo lo que está en la sala lo afecte. No solamente la pintura colgada, sino cómo se iluminó, los colores, el piso por el que camina, que se sienta en el centro de las emociones y la galería permite eso porque es un espacio aislado, es un cubo blanco al que tú le puedes hacer lo que quieras.

Entonces, por eso creo que la mejor forma de entrar a una exhibición es esperando sentirlo, vivirlo, todo. Porque es posible, una pintura, un poema, un documento, una carta antigua, pueden ser umbrales a muchas cosas, no solamente al pasado, sino a una serie de emociones y hay que estar abierto a esa posibilidad.

¿Cuál es su opinión sobre las redes sociales y su impacto en la cultura?

Primero que hay una parte fascinante, maravillosa, de difusión, de contenido, que creo que es una potencialidad para todos, no solamente para los creadores, para los artistas, sino para cualquiera que esté produciendo algún tipo de conocimiento,  tienen allí una capacidad democratizadora también importante. Yo recuerdo cuando hice mi primera individual y salió la nota en un periódico, era como lo máximo que hubiera salido en ese periódico porque era la única forma que uno tenía para difundir su chamba y que la gente se entere de lo que estabas haciendo. Ahora eso no es tan importante, está bien si sale en un periódico, pero hay otras plataformas alternativas, como esta, o la que los propios artistas podemos hacer para difundir nuestro trabajo, que le hacen muy bien a la cultura porque democratizan el acceso, creo que eso es un gran valor que tienen las redes sociales en general. 

Por otro lado, a veces no me hallo muy bien dentro de las redes porque hay una necesidad de comunicar todo el tiempo o de poner siempre cosas muy buenas y eso normalmente no es verdad, la vida es más compleja y a mí se me dificulta mucho, por ejemplo, difundir mi trabajo a partir de redes, es algo que creo que por la edad que tengo también a veces no está en mi registro, me olvido, de hecho siempre me dicen toma fotos de tu proceso y las vas subiendo, a la gente le gusta ver eso, y yo entro al taller y me olvido, me ha pasado miles de veces, entonces no está en mi forma de asumir las cosas.

Un próximo entrevistado

Sería chévere que entrevisten a Orestes Bermúdez, es un amigo artista que además de ser un artista plástico, tiene años de trabajo en colectivos dedicados al trabajo barrial desde el arte, es también un trabajo que usualmente no forma parte de las agendas culturales, aunque sucede todos los días, todo el tiempo.

Agradecimiento a:
Librería La Rebelde / Calle Batalla de Junín 260, Barranco

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