Maternidad en el arte peruano

El arte ha sido un vehículo fundamental para explorar y celebrar la complejidad y belleza de la experiencia humana a lo largo de la historia. Entre los temas universales que han cautivado a los artistas, la maternidad destaca como uno de los más inspiradores y conmovedores. En honor al Día de las Madres, nos sumergimos en el vasto universo del arte peruano para explorar cómo el tema de la maternidad ha sido representado y reinterpretado a lo largo del tiempo y en diferentes contextos culturales. Desde las primeras representaciones en las antiguas civilizaciones hasta las expresiones contemporáneas, la maternidad ha sido un tema recurrente que ha inspirado obras de gran belleza y profundidad emocional. A través de diversas técnicas y estilos, los artistas peruanos han capturado la esencia de este vínculo, ofreciendo una mirada única que nos invita a reflexionar sobre su lugar en la historia y la cultura peruana.

Botella gollete asa estribo escultórica (1 dC - 800 dC) de la cultura mochica

Según la descripción, esta botella con gollete asa estribo tiene una forma escultórica que representa un tubérculo (papa) con rasgos antropomorfos. Se observa una cabeza humana cubierta con un gorro, así como un rostro humano más pequeño. La escena parece representar a una madre cargando a su hija pequeña, quien lleva trenzas y un collar. Esta pieza fue descubierta en la Costa Norte, específicamente en el sitio de San Ildefonso, dentro del valle Virú.

La cultura moche o mochica es una cultura arqueológica del Antiguo Perú que floreció entre los siglos II y VII d. C. en el valle del río Moche, ubicado en la actual provincia de Trujillo, en el departamento de La Libertad. Esta cultura se extendió hacia los valles de la costa norte del Perú actual. Además de sus notables obras de ingeniería, como canales de riego y presas que contribuyeron a la expansión agrícola, la cultura moche es reconocida por su destacada producción cerámica. En su cerámica, representaron tanto divinidades como seres humanos, animales y escenas ceremoniales y mitológicas que reflejaban su visión del mundo.

Durante este período histórico, la mujer, la maternidad, el nacimiento y la renovación están estrechamente vinculados con la madre tierra y los ciclos naturales, junto con todos sus elementos. Por lo tanto, no es sorprendente que el tubérculo adquiera formas humanas que sugieren una relación maternal.

 

Botella gollete asa estribo escultórica. Cultura mochica. Cerámica. 179 mm x 181 mm x  127 mm. 1 dC – 800 dC (aprox.) Colección Museo Larco. 

Sagrada Familia con san Juan Bautista niño y un jilguero (1730 - 1760) de Anónimo cuzqueño

En esta representación de la Sagrada Familia, vemos al niño Jesús abrazando con ternura a su madre, mientras san José y san Juan Bautista niño le ofrecen regalos. Juan Bautista está vestido con pieles de animales y sostiene una cruz hecha de cañas, mientras presenta un plato de frutas a Jesús, simbolizando las uvas y manzanas la Pasión de Cristo y la redención de la humanidad.

San José, detrás de Juan Bautista, sostiene una vara de azucenas y presenta un jilguero a Jesús. El jilguero, común en imágenes de la Virgen y el Niño, simboliza el alma, la resurrección, el sacrificio y la muerte de Cristo. Es curioso que José sostenga al jilguero en lugar de Jesús, una variación poco común en la iconografía.

El efecto general es el aplanamiento de los cuerpos, lo que acentúa el modelado de los rostros de la Sagrada Familia. Los tonos cálidos y serenos de la pintura contribuyen a transmitir una sensación de afecto familiar.

Durante la época virreinal, los temas religiosos predominaban, y la representación de la Virgen con su hijo era especialmente significativa como muestra del acto de maternidad.

 

Sagrada Familia con san Juan Bautista niño y un jilguero. Anónimo cuzqueño. Óleo sobre tela. 103.5 x 85 cm. Colección MALI

Maternidad (1923) de Elena Izcue

Esta obra es una creación temprana de Elena Izcue, realizada durante su tiempo en la naciente Escuela Nacional de Bellas Artes. Fue exhibida por primera vez el 24 de enero de 1923 como parte de la tercera exposición oficial de alumnos, bajo la dirección de Daniel Hernández.

En esta obra, se percibe la influencia del indigenismo, que se refleja en la representación de una mujer mestiza cargando a su hijo. Destacan las prendas típicas de la cultura andina y la expresión perdida en su mirada, sugiriendo posiblemente un contexto de soledad u olvido.

Elena Izcue Cobián (Lima, 19 de abril de 1889 – Lima, 27 de septiembre de 1970) fue una figura destacada como educadora, ilustradora, artista gráfica y diseñadora peruana. Desempeñó un papel fundamental en la difusión del arte precolombino a principios del siglo XX, especialmente a través de su trabajo en las artes decorativas.

Maternidad. Elena Izcue. Óleo sobre yute. 80 x 66 cm. 1923. Colección MALI

Maternidad (1946) de Mario Urteaga Alvarado

La obra de Mario Urteaga, originario de Cajamarca, marcó el punto culminante de una tradición pictórica costumbrista arraigada desde el siglo XIX en el norte del Perú. Su enfoque en representar la vida campesina coincidió con el surgimiento del indigenismo. Fue José Sabogal, junto con el sobrino de Urteaga, Camilo Blas, quienes dieron a conocer su obra en Lima en 1934. Hasta entonces, Urteaga había practicado la pintura como un pasatiempo, desempeñándose en diversas ocupaciones como periodista, comerciante, fotógrafo y profesor.

El reconocimiento que recibió en vida fue interpretado por los indigenistas como una expresión de esta corriente en la provincia. Por otro lado, la crítica más formalista lo asoció con la estética del arte naif, integrándolo a una noción de modernidad. Aunque su formación fue autodidacta, Urteaga demostró un refinamiento que evoca modelos académicos del siglo anterior, los cuales conoció a través de publicaciones ilustradas.

Sus pinturas, que idealizan escenas del mundo rural, buscan preservar modos de vida tradicionales que están en peligro de desaparición. Para lograrlo, empleó esquemas compositivos de estilo clásico que confieren a sus personajes un aura de dignidad. Urteaga exalta las labores cotidianas en el campo, la vida de los ronderos campesinos y la simplicidad del hogar. En esta obra, muestra un momento de juego o complicidad entre una madre campesina y su hijo, en medio de una vasta naturaleza. 

 

Maternidad. Mario Urteaga Alvarado. Óleo sobre tela. 80.5 x 57.5 cm. 1946. Colección MALI

Madre e hijo con foto de padre desaparecido, Ayacucho (1985) de Carlos Domínguez Hernández

Carlos Domínguez Hernández, conocido como Chino Domínguez (Lima, 4 de noviembre de 1933 – ibidem, 17 de febrero de 2011), fue un destacado fotógrafo peruano. Reconocido como el mejor reportero gráfico del siglo XX en el Perú, su archivo es único por contener fotografías inéditas de figuras culturales, políticas y sociales. Contribuyó con numerosos libros y su obra cumbre, «Los peruanos», en su primera y segunda edición, reflejó su compromiso social al mostrar la realidad del país.

A lo largo de casi 50 años de prolífica labor fotográfica, el Chino Domínguez logró reunir en su archivo personal alrededor de un millón de negativos, que abarcan la historia gráfica del Perú y del mundo.

En una de sus fotografías, nos muestra una faceta diferente de la maternidad: aquella en la que una mujer lucha sola, enfrentando situaciones convulsas, como fue la época del terrorismo en la que tantas personas perdieron a sus seres queridos. En la imagen, una mujer con su hijo clama por justicia, siendo un testimonio visual de los desafíos y las tragedias que enfrentaron muchas familias en ese período.

 

Madre e hijo con foto de padre desaparecido, Ayacucho. Carlos Domínguez Hernández. Impresión en gelatina de plata sobre papel. 60.5 x 50.5 cm. 1985. Colección MALI 

Madres (2000) de Moico Yaker

Moico Yaker (Arequipa, 1949) es un reconocido artista visual peruano, con un estilo que han llamado neobarroco peruano. En sus pinturas, de marcada carga simbólica, combina habilidad técnica con referencias culturales, históricas y filosóficas en una fusión de ilusionismo, luz, color y movimiento que impacta directamente en los sentimientos del espectador. Su obra amplía la visión del espectador sin comprometer su base fundamentalmente realista.

Si bien la figura humana ocupa un lugar central en su trabajo, Yaker se interesa por la totalidad del lienzo. El color y la pintura se aplican con igual atención en toda la superficie de la tela, desde el protagonista principal hasta el más mínimo detalle. 

En esta obra, la noción de maternidad está estrechamente ligada a la naturaleza; las mujeres son representadas en medio y como parte integral de ella. Son como la tierra misma, otorgando vida y facilitando el ciclo vital, lo que refuerza la conexión entre la maternidad y la naturaleza.

 

Moico Yaker. Moico Yaker. Óleo sobre tela. 145 x 199 cm. 2000

Las cosas que quedan - Pequeñas historias de maternidad 3 (2015) de Natalia Iguiñiz Boggio

Natalia Iguiñiz Boggio (Lima, 1973) es una artista plástica, docente y activista política cuyo trabajo aborda temas como los derechos humanos, la maternidad y la identidad de género, utilizando medios como la fotografía, la pintura, el diseño gráfico y el video.

Desde 2005, ha indagado en aspectos poco explorados de la experiencia maternal a través de tres exposiciones: «Pequeñas Historias de Maternidad 1» en la Galería Forum (2005); «Pequeñas Historias de Maternidad 2» en la Sala Raúl Porras Barrenechea del Centro Cultural Ricardo Palma (2008); y «Pequeñas Historias de Maternidad 3» en la Sala Luis Miró Quesada Garland (2015).

En una entrevista, Iguiñiz explicó que la primera exposición de la serie abordaba el dilema de ser madre o no para cuestionar el mandato cultural de asociar la maternidad con la feminidad. La segunda muestra se centraba en la experiencia física, biológica y corporal de ser madre, incluyendo el parto y la crianza. Para la última exposición de la serie, la artista llevó a cabo una curaduría colectiva, reuniendo el trabajo de varios artistas para ampliar la noción de lo materno y explorar los sueños y pesadillas asociados con la maternidad.

Este proyecto artístico ofrece una nueva perspectiva de la maternidad, sin romanticismos, mostrando su crudeza y las cargas sociales que implica. Aborda la idea de que históricamente se ha relegado a la mujer al papel exclusivo de cuidadora de los hijos, una tarea que aún no se valora lo suficiente.

«A mí no me interesa necesariamente retratar las partes más dulces; me interesan precisamente las situaciones ambivalentes que no todos expresamos libremente. No todo es ‘oh, qué lindos son mis hijos’, todo es maravilloso; el componente emocional es mucho más complejo», explicó Iguiñiz sobre su enfoque en su trabajo artístico.

 

Las cosas que quedan – Pequeñas historias de maternidad 3. Natalia Iguiñiz Boggio. Fotografía. 2015.

En un mundo descomunal (2017) de Claudia Coca

Claudia Coca (Lima, 1970) es una destacada artista visual, docente y activista política peruana. Se graduó en la Escuela Nacional de Bellas Artes de Lima en 1994, donde comenzó a adquirir una profunda comprensión de su país. Inicialmente, su enfoque artístico se centraba en autorretratos, pero con el tiempo su obra evolucionó hacia una crítica social aguda, abordando temas como el racismo, el machismo, las disparidades sociales y la corrupción en Perú.

Durante la década del 2000, participó activamente en movimientos políticos y anti-dictatoriales, siendo notable su colaboración en el Colectivo Sociedad Civil. Su compromiso le valió diversos reconocimientos, incluyendo el premio «A la Resistencia» y el «Premio Flora Tristán».

A través de su arte, Coca presenta una visión crítica y reflexiva del Perú contemporáneo, resaltando la diversidad cultural y la condición femenina. Sus autorretratos transmiten un mensaje de amor propio sin caer en el egocentrismo, desafiando estereotipos y promoviendo la valorización de la identidad mestiza.

En esta obra, Coca se retrata junto a su hijo, integrándolo en su discurso artístico y social. Nos recuerda que heredamos de nuestros padres no solo rasgos físicos o de personalidad, sino también las etiquetas asociadas a sus experiencias de vida, al contexto donde se vive. Para esta artista la maternidad fue un vehículo para repensar todas estas estigmatizaciones que se hacen y por ello sus hijos aparecen en varias de sus obras, para reforzar sus planteamientos, al tiempo que sirve de ejemplo para ellos.

Por otro lado, en esta pieza podemos ver la presencia de elementos del pop art, como viñetas y textos, algo común en su obra y que tiene como objetivo hacer accesibles sus mensajes al público, complementando el contenido visual. Su propósito es mostrar que el mestizaje es un proceso enriquecedor y desmitificar la idea de que representa una amenaza para la identidad nacional.

En un mundo descomunal. Claudia Coca. Acrílico sobre tela. 2017.
Portada: Fotografía de la serie Pequeñas historias de maternidad 3 (2015) de Natalia Iguiñiz 

 

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