Migración en el arte peruano

El pasado 18 de diciembre se conmemoró el Día Internacional del Migrante. Una fecha proclamada el 4 de diciembre de 2000 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, en virtud del número elevado y cada vez mayor de migrantes que existe en el mundo y alentada por el creciente interés de la comunidad internacional en proteger efectiva y plenamente los derechos humanos de todos los migrantes.

La migración ha estado presente desde el inicio de la humanidad, el ser humano se ha caracterizado por desplazarse de su lugar de origen por diversos motivos; con el paso de los años, el incremento de este tránsito, en algunos casos forzado, ha generado situaciones de vulnerabilidad y desventaja para quienes lo practican. Esta fecha es una oportunidad para reflexionar sobre esta realidad y advertir los aspectos positivos que posee la migración.

 

Perú no está exento al tema de la migración, en su historia se ha destacado la migración interna que generó un gran cambio en Lima. Los diversos conflictos han hecho que muchos peruanos emigren a otros países y también ha sido un país que ha recibido inmigración, como la japonesa, china y recientemente la venezolana. Esta realidad, tan humana, ha sido reflejada en el arte, son innumerables las obras del arte peruano que reflexionan, especialmente, sobre la migración interna, los cambios vividos, la discriminación, los infortunios, las formas de adaptación o las nuevas estéticas que surgen en esta experiencia. 

Sin duda, el acto de migrar arropa múltiples situaciones, que en su mayoría no son las mejores, aunque el salir de casa conlleva aspiraciones de dignidad, seguridad y paz, el trayecto para la gran mayoría no será fácil, son amplias las dificultades que se enfrentan y suele pasar mucho tiempo para apreciar los beneficios. En el marco de esta conmemoración te presentamos ocho obras del arte peruano que ofrecen una mirada particular sobre el acto de migrar. 

«Migrantes» (1981) de Enrique Polanco

Enrique Polanco (Lima, 1953) fue discípulo de Víctor Humareda, cuya técnica y temática influyeron en él a partir de la década de los 70. Polanco se considera un pintor expresionista figurativo, de allí los intensos colores, el uso de empastes o pinceladas espesas y el dibujo sinuoso. Desde sus comienzos se sintió atraído por los sectores urbanos menos privilegiados de Lima, en su producción artística el tema social predomina. 

En esta obra, el artista ha retratado a una familia. Algunos de sus integrantes van vestidos con indumentaria de la zona rural andina, mientras que otros llevan trajes y vestidos propios del entorno urbano capitalino. Este contraste notorio en la misma familia se acentúa con los paisajes que sirven de fondo a la composición: uno cálido, lleno de vida; el otro gris y apagado.  Es una forma de advertir la adaptación que se da y cómo también se busca mantener las costumbres. Se rememora la casa y se compara con el lugar actual. 

«Migrantes». (1981). Enrique Polanco. Óleo sobre lienzo. 121 x 100 cm. Museo Central.

«Charito» (1982) de Charo Noriega

Charo Noriega (Piura, 1957 – Lima, 2022) formó parte de los colectivos Paréntesis y E. P. S. Huayco, destacó por una producción artística a favor de la crítica social. En este cuadro, se observa una identificación con el sujeto migrante y su entorno, en un tipo de imagen poco común en la plástica del momento. 

Representa un cumpleaños infantil en un sector popular, ella intenta identificarse con los sujetos migrantes y su entorno al poner su propio nombre en el contexto de esa pintura, una forma de autoafirmación. En la escena destacan elementos disímiles que caracterizan lo popular, una especie de sincretismo que es común en el sujeto migrante.  

«Charito». (1982). Charo Noriega. Óleo sobre madera. 82 x 62 cm. Museo de Arte de Lima.

«Serie Proyecto Pozuzo» (2000-2004) de Eduardo Hirose

Eduardo Hirose (Lima, 1975) en su serie fotográfica Proyecto Pozuzo registra la vida de una comunidad que poco ha cambiado desde su instauración. Pozuzo es un pequeño pueblo situado en la selva central de Pasco – Perú, donde se estableció una colonia austro-alemana en 1859. El origen de su historia se remonta al gobierno de Ramón Castilla quien tuvo el plan de poblar la selva central con inmigrantes europeos con el fin de explotar los recursos de la región. Debido a la falta de presupuesto y al cambio de gobierno, la construcción del camino para los colonos nunca se realizó, originando una de las inmigraciones europeas más dramáticas de Sudamérica. Luego de dos años de camino, solo llegaron 160 de los 300 colonos que partieron de Prusia y Austria. El aislamiento de la comunidad se mantuvo hasta 1976, fecha que se concluyó la construcción del único camino carrozable que los conectó con el resto del país. Aún en la actualidad, debido al clima de la región y su geografía, el aislamiento se mantiene en los períodos de lluvia, entre los meses de diciembre y marzo.

Hirose, hijo y nieto de migrantes japoneses en el Perú, rehace una mirada sobre la intimidad de la saga del migrante y de un entorno que parece mantener antiguos atavismos a través de una historia y una geografía que le son por igual propias y ajenas.

«Serie Proyecto Pozuzo». (2000-2004). Eduardo Hirose. Impresión en gelatina de plata sobre papel. 

«Mamachay» (2013) de Paloma Álvarez Castro

Paloma Álvarez Castro  (Lima, 1974) es un artista que se ha destacado por emplear la técnica del bordado con lana de alpaca, su obra evoca los sentimientos y los encuentros/ desencuentros entre los pobladores migrantes y la urbe limeña.

«Mamachay» («Mi mamita» en español) esta basada en la experiencia de su abuela Sara, quien tuvo que migrar de Ayacucho a Lima en la década de 1980, representa en sus bordados las prendas de la vestimenta tradicional andina como ponchos, mantas, polleras y chullos para referirse a los conflictos que se producen en muchos migrantes al tener que negociar sus identidades de origen con el nuevo entorno, representado en la obra por los zapatos de tacos. Aquí la artista destaca cómo el uso del cuerpo y la ropa dan forma y revelan nuestras identidades. 

Esta obra fue ganadora del V Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú.

 

«Mamachay». (2013). Paloma Álvarez. Bordado con lana de alpaca sobre tela. 120 x 120 cm. Museo Central.

«De la Serie Reconquista Arpa» (2015) de Luis Antonio Torres Villar

El artista del grabado Luis Antonio Torres Villar (Huachipa, 1984) representa en esta obra un paisaje social de la periferia, que muestra el nuevo horizonte creado a partir de la migración, dando a entender que lo que sucede allí ya no es parte de la Lima colonial, sino del paisaje conquistado por todas aquellas familias provincianas que llegan a la capital configurando «otra Lima», para batallar cada día en los cerros empinados generando espacios habitables.

En la sección inferior, en el centro, vemos un autorretrato del artista rodeado de amigos, familiares y vecinos. Las partes central y superior del grabado representan la desordenada pero exuberante vida social y cultural que toma lugar  en los cerros, lugar donde el artista y sus padres construyeron sus hogares. Casi en el centro, en la única sección de color de la obra, una mototaxi sube por una calle empinada transportando un arpa del cual brotan flores. Para el artista la música es el artefacto cultural más potente que ha acompañado a la migración.

Esta obra fue ganadora del VII Concurso Nacional de Pintura del Banco Central de Reserva del Perú.

«De la Serie Reconquista Arpa». (2015). Luis Antonio Torres Villar. Impresión manual sobre papel e iluminada con aplicación de arcilla. 170 x 170 cm. Museo Central.

«El matrimonio de la Chola» (2022) de Violeta Quispe Yupari

La obra de Violeta Quispe Yupari (Lima, 1989) se ha centrado en reclamar por la igualdad de la mujer y denunciar la violencia de género, sobre todo de las mujeres andinas. En esta obra la artista se apropia de la pintura colonial «El matrimonio de la ñusta» (Anónimo, siglo XVIII), lo ha transformado adaptándolo a la tradición pictórica de Sarhua, para reflexionar sobre situaciones del Perú contemporáneo. La gran migración de venezolanos al Perú la hace pensar en cuestiones de raza y género y compara, pone en diálogo y entrecruza historias personales, hechos históricos, y cuestiones sociales y políticas recientes.

Dividida verticalmente en dos mitades, el lado izquierdo de la pintura refiere al contexto peruano (la migración interna, el matrimonio de sus padres, los presidentes causantes de las crisis económicas, sociales y políticas del país) y al lado derecho al contexto venezolano, que se cruza con el peruano (los migrantes venezolanos en Lima, la artista venezolana Vanessa Avendaño y su pareja y la clase política venezolana causante de la crisis).

Si bien alude al proceso de migración de sus padres, y los diferentes obstáculos que pasaron, tanto por el conflicto armado interno como por la discriminación y marginación, establece un vinculo con la migración actual. Desde el cual abre, en varios planos, la polémica sobre el estado actual de los procesos migratorios. La artista recuerda que a pesar que la migración del campo a la ciudad empieza entre los años 40 y 50, aún no son reconocidos.

«El matrimonio de la Chola». (2022). Violeta Quispe Yupari. Policromado mixto. Pigmento natural 90% – acrílico 10%, pan de oro sobre MDF. 150 x 170 cm

«El Apu y la danza del Ronin» (2022) de Harry Pinedo

Harry Pinedo Valero / Inin Metsa (Pucallpa, 1988) es un artista amazónico de la comunidad Shipibo-Konibo. En sus pinturas plasma con estilo propio la magia y el misterio de los animales y las leyendas de la Amazonía contadas por sus abuelas durante su infancia en las comunidades del río Ucayali.

En esta obra representa a la comunidad Shipibo-Konibo de Cantagallo en Lima, donde él reside. En ella, tres miembros de la comunidad visten la ropa tradicional Shipibo-Konibo, mostrando cómo en Lima esta vestimenta, con sus diseños kené, sigue teniendo importancia como símbolo de identidad cultural.

Cantagallo es un asentamiento urbano ubicado en el distrito del Rímac, un espacio donde la comunidad Shipibo-Konibo se ha instalado para traer su arte y creencias a la gran ciudad. A pesar de no contar con las condiciones óptimas para vivir ellos se han organizado para defenderlo y mejorarlo. Aún cuando se han integrado a la vida de la capital, conservan sus tradiciones, entre ellas el uso de sus trajes y adornos, como una manera de autorrepresentación. 

«El Apu y la danza del Ronin». (2022). Harry Pinedo. Acrílico sobre lienzo. 100 x 100 cm.

«Presagio I» (2023) de Karol Roots

Karol Roots (Andahuaylas, 1989) es una artista multidisciplinaria que viene trabajando la fotografía y las intervenciones digitales para crear diversas composiciones visuales que vinculan el autorretrato, el desnudo y la naturaleza. Recientemente, ha incorporado en su propuesta la serie Migración donde reflexiona desde su posición de migrante.  

Sobre la obra, la artista señala: «La mirada distorsionada que tenemos sobre la sociedad más civilizada, como es considerada la vida citadina. Promesas de bienestar, éxito y progreso, sin embargo, entre los vínculos inmediatos que se desarrollan en la gran metrópoli se ha normalizado una hostilidad y violencia que se agrava con la pobreza, el racismo, clasicismo y la abismal diferencia cultural atizada con la premura del ritmo de vida, que no permite reflexionar sobre estas diferencias y considerarlas. Me pregunto entonces ¿Será un avance social o decadencia?»

«Presagio I». (2023). Karol Roots. Fotografía intervenida. 71 x 88 cm.

En los artistas seleccionados podemos apreciar cómo los procesos migratorios traen repercusiones en las siguientes generaciones, pues muchos de ellos aunque han nacido en Lima el acto migratorio de sus padres o antepasados los marca e incluso los estigmatiza. Su mirada es aguda ante esta realidad que cada día suma a más personas en actos de movilidad. La migración vista por un descendiente de migrantes se torna sensible, hay identificación y comprensión.

Por su parte, la mirada del migrante puede ser cuestionadora o reivindicativa. En ellos el espacio: la arquitectura o el paisaje está presente como ejemplo del cambio. La vestimenta destaca como elemento cultural que nos identifica y nos hace parte de un lugar, demostrando que si bien al estar en otro lugar la pauta es adaptarnos nunca podemos dejar atrás nuestra esencia.

Asimismo, se destaca cómo este proceso conlleva un intercambio de culturas que promueven otras estéticas o expresiones que en el tiempo se vuelven parte del lugar. Sin duda, es una oportunidad para renovarnos y seguir creando historias.

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